Pedro Sánchez ya ha cumplido sobradamente su función a ojos de su dueño.
Pero Pedro Sánchez no se quiere ir. No quiere tener que ir de vacaciones a Benidorm en vez de a La Mareta. No quiere abandonar el Falcon. Y sobre todo, no quiere perder la atención que tiene ahora mismo.
Pero su dueño, quien lo colocó ahí, necesita que otro ocupe su lugar. Y la solución es clara: o Pedro Sánchez asciende a un puesto simbólico pero importante dentro de una Organización internacional (ONU, OTAN, OMS, etc.), o lo defenestran política y personalmente.
A ZP ya se lo han cargado.
El ascenso en organización internacional ha sido él mismo quien se ha cerrado la puerta.
Nos espera un curso político interesante.