Alemania reforma su ejército: ¿un coste que nadie quiere pagar?
Alemania ha aprobado la mayor reforma militar desde 2011, reintroduciendo el servicio militar, aunque en formato voluntario. La medida, que busca reforzar las capacidades de defensa, reabre el debate sobre el impacto económico de un mayor gasto militar en una economía que ya muestra signos de estancamiento.
Pese a que el servicio sigue siendo voluntario, algunos analistas señalan que podría ser el primer paso hacia una obligatoriedad, lo que implicaría un aumento significativo del gasto público. En un contexto donde el Bundesbank ya ha recortado previsiones de crecimiento, financiar un ejército más grande no será sencillo. Alemania, que arrastra una deuda pública en torno al 66% del PIB, se enfrenta a la disyuntiva de recortar otras partidas o aumentar impuestos.
La reforma llega además en un clima de tensiones geopolíticas, con la guerra en Ucrania como telón de fondo. Pero también resurgen viejos temores: que el rearme sirva para otros fines, como el control interno, o que sea una respuesta a la presión de Estados Unidos para que Europa asuma más costes de defensa. Desde la óptica económica, keynesianismo puro: el gasto militar inyecta dinero en la industria armamentística, pero el retorno en productividad es dudoso.
El dato de que en Europa es ilegal el trabajo sin salario sugiere que cualquier ampliación del servicio requerirá remuneración, elevando aún más la factura. Por el momento, la reforma es voluntaria, pero el mensaje está claro: Alemania se prepara para un entorno de seguridad más caro.