Tres salidas: el gato, los ansiolíticos o Ramón el taxista
El hilo deja atrás las listas de requisitos y se pone a hacer pronósticos. Un forero lanza que, cuando pasan los años, a las mujeres les quedan tres opciones: un gato, ansiolíticos con alcohol, o un taxista gordo y calvo. Otro añade que las tres no son excluyentes. Nadie discute el pronóstico. Lo que se discute es qué mira una mujer cuando elige, y ahí el hilo se parte en dos: los que sostienen que manda la cartera y los que sostienen que mandan la altura y la cara.
Qué se ha sabido
Ningún enlace, ningún vídeo, ninguna fuente. Todo lo de este tramo son mensajes escritos el mismo día, el
22 de septiembre de 2026. Las cifras que aparecen son inventadas o sin respaldo: un participante usa el
10% al comparar cuántas mujeres se fijarían solo en el físico, sin que quede claro de dónde sale el número; otro asegura que en las
50 novelas románticas más leídas por mujeres se repiten los mismos dos atributos, y lo dice sin citar ni un título ni un autor. Un tercero presume de haber tenido suerte con todo tipo de mujeres gracias a dos rasgos que no ha elegido, y lo cuenta como si fuera un dato. Otro más traduce el debate a dinero: si el puesto exige todo eso, se escribe, no lo cubre nadie por el salario mínimo o menos. No hay nada comprobable en todo el tramo.
Dónde está la bronca
Primera pelea: qué pesa más. Un bloque insiste en que el resto es relleno y que el núcleo es una cartera abultada; a partir de ahí, altura, ejercicio y demás historias son secundarios. La réplica llega por el otro lado: el dinero solo no basta, porque quien tiene cartera no suele soltarla, así que el filtro incluye también que la suelte. Y un tercer grupo reduce todo a dos puntos: guapo y alto. Lo demás, dice, es secundario, y remata que al rico se le puede aguantar por interés, pero no por deseo.
Segunda pelea: la risa. «Todas con el que me haga reír», escribe un forero, que lo traduce como que lo que buscan son bufones. Le contestan rápido: cuidado con hacer demasiada gracia, que acabas de payaso. El intercambio dura poco y no se resuelve: unos defienden que el humor abre puertas y otros que pasarse de gracioso te deja de entretenimiento.
Tercera: el físico. Un participante sostiene que dos rasgos que no se eligen le han funcionado mejor que cualquier lista, y aprovecha para ajustar cuentas con la educación que, según él, se dio a los hijos varones: comprensivos, nada celosos, saliendo a correr en pareja. Un ideal que, dice, las mujeres solo premian en la amistad. Otro avisa de que quien se esfuerza en cumplir acaba en la zona de amigos y que hay que dar con el punto exacto entre simpatía y mala reputación.
Y aquí está el tramo más feo del hilo. Varios mensajes describen a las mujeres como seres sin criterio a los que solo les importa el sexo, la reproducción y algo de compañía, o directamente recomiendan no mirarlas. Son afirmaciones sin ningún dato detrás, que no describen a nadie concreto. Otro relata el caso de una conocida que cambió a un novio modélico por otro hombre y acabó mal, con descalificaciones por medio: es el testimonio de uno y no hay manera de comprobarlo. Alguien resume preguntando cuál de las dos partes se equivoca, y se queda sin respuesta clara.
Al final del tramo aparece la teoría. Un participante sostiene que el hilo está montado por una élite para enfrentar a hombres y mujeres y que no nazcan niños. No aporta ninguna prueba.
La lista de los hombres
Frente al cuaderno de cargas, alguien contesta con una lista de dos puntos que no se puede reproducir tal cual. El primero es de cama. El segundo es que, el resto del tiempo, no dé la lata. Otro forero añade un punto más a esa lista y dice que también importa cómo se desenvuelva en la cama, así que ni eso se libra del examen. Un tercero reduce su propia lista a un solo punto: que se marchen. Y un cuarto, más modesto, confiesa que no cumple ni una.
Qué cambia respecto a antes
El debate sobre cuántos puntos hay que aprobar se da por cerrado y ahora se discute qué se compra con cada punto. Entra un asunto nuevo, la educación de los hijos varones, y entra el pronóstico sobre cómo acaban las mujeres que no encuentran a nadie. También se cuela una teoría conspirativa que antes no estaba, y vuelve el recurso de siempre: cada uno se hace su lista, o la reduce a una línea, para demostrar que no cumple ninguna.