Colombia elige presidente: la sombra de Israel cruza el Atlántico
El 21 de junio, Colombia celebró la segunda vuelta presidencial. Con el 99% escrutado, Abelardo de la Espriella, un abogado sin experiencia en cargos públicos, se impuso por solo 250.820 votos de diferencia. Su rival, Iván Cepeda, se quedó en el 48,70%. De la Espriella se autodenomina un “outsider” y cuenta con el apoyo explícito de Donald Trump. Pero lo que más ha encendido el debate no es su perfil, sino su alineamiento con Israel.
El factor Israel en la campaña
Durante la campaña, De la Espriella prometió estrechar lazos con Tel Aviv y trasladar la embajada colombiana a Jerusalén, un gesto que ya realizaron Estados Unidos y algunos países centroamericanos. Sus críticos señalan que esto responde a una agenda exterior impuesta por lobbies proisraelíes, mientras que sus partidarios lo ven como un alineamiento lógico con el bloque occidental. En el análisis económico, Israel es un socio comercial menor para Colombia —apenas el 0,3% del comercio exterior— pero su influencia en sectores como la ciberseguridad y la agricultura de precisión es creciente.
Un país dividido y un margen ajustado
Los resultados reflejan una sociedad colombiana polarizada. De la Espriella obtuvo 12,96 millones de votos frente a los 12,71 de Cepeda. El 0,96% de distancia es el más estrecho desde 2014. En este contexto, la alianza con Israel puede interpretarse como un gesto ideológico destinado a consolidar el voto conservador y evangélico, que representa cerca del 20% del electorado colombiano y mantiene fuertes vínculos con el sionismo cristiano. La contraparte advierte que esa dependencia exterior compromete la soberanía nacional.
“Comprando voluntades”: el ruido de fondo
En la discusión pública ha circulado la idea de que Israel “compra voluntades” mediante inversiones y donaciones a campañas. Aunque no hay pruebas concluyentes de injerencia directa en los comicios de 2026, sí existe un historial de financiación de grupos proisraelíes en América Latina. El dato que descoloca: el margen de victoria es inferior al 1%, y en ese estrecho pasillo cualquier factor externo, real o percibido, pesa como un elefante en la habitación.
Con un gobierno entrante tan dependiente de la imagen de “outsider” y de alianzas internacionales polémicas, Colombia se asoma a un mandato en el que la política exterior será el termómetro de su estabilidad interna.