Albania recurre a trabajadores indios para tapar su sangría demográfica
Albania, el país que perdió a un tercio de su población tras la caída del comunismo, busca ahora reemplazar a los emigrantes con mano de obra procedente de India. Según el anuncio del embajador indio, cerca de 1.200 ciudadanos indios trabajan ya en el país balcánico, y la previsión es que lleguen muchos más. La escasez de trabajadores en sectores como la construcción y los servicios ha llevado a las autoridades a abrir la puerta a inmigrantes asiáticos, una decisión que no deja indiferente a nadie.
India, por su parte, atraviesa un cambio demográfico silencioso: los nacimientos cayeron de 29 millones en 2001 a 23 millones en la actualidad, situándose por debajo del nivel de reemplazo. Sin embargo, su población sigue siendo ingente y la presión migratoria se mantiene. La acogida de trabajadores indios en Albania se inscribe en un fenómeno global: las economías desarrolladas –o en vías de serlo– importan mano de obra barata para sostener sectores que los nacionales abandonan.
Algunos analistas señalan que el problema albanés no es solo demográfico, sino también cultural: una parte de los jóvenes prefiere emigrar a la UE antes que trabajar en oficios manuales dentro del país. La «titulitis» y la aspiración a trabajos de cuello blanco generan un desajuste que se tapa con inmigración. Otros, en cambio, ven en la llegada de indios una estrategia empresarial para abaratar costes laborales y mantener sueldos bajos. El debate sobre si se trata de una solución necesaria o de una nueva forma de explotación está servido.
Lo cierto es que Albania, que durante décadas fue un país de emigración neta, se enfrenta ahora al espejo de tener que importar trabajadores. La pregunta que queda en el aire es si este modelo de sustitución demográfica es sostenible o si, como advierten algunos, la historia terminará repitiéndose en sentido inverso.