El vuelo de los Borbones: ¿inversión en seguridad o gasto en propaganda?
Ver al Rey y a la princesa de Asturias pilotar juntos un caza sobre Murcia tiene resonancias de película. Pero el coste de mantener a la heredera tres años en los tres ejércitos –incluyendo seis meses en el Elcano subiéndose al palo mayor– no sale gratis. ¿Qué retorno obtiene España de esta formación militar de élite?
Tres años de instrucción, ¿para qué?
La princesa Leonor ha completado un programa que otros herederos europeos liquidan en uno o seis meses. Sus defensores argumentan que, como futura jefa de las Fuerzas Armadas, conocer el Ejército de primera mano es capital: crea vínculos con los mandos que ningún presidente de República podría tener. Ponen el ejemplo del 23-F, cuando el rey Juan Carlos llamó uno a uno a los generales que habían sido sus compañeros de promoción. En cambio, los críticos ven un coste desproporcionado para un puesto simbólico. «Que si hay guerraza, la muchacha sale con el caza y con su padre o no?», ironiza más de uno. Y si ambos palman en un accidente, el sucesor sería Froilán, según apuntan.
El coste de la imagen: de la carroza al caza
Hay quien sostiene que la monarquía intenta venderse como moderna y cercana, pero en la práctica solo genera más republicanismo, incluso entre votantes de derechas. Cada vuelo, cada acto, lo paga el contribuyente. Y mientras, la industria aeronáutica patria pierde fuelle: el histórico reactor C-101 de entrenamiento –diseño y fabricación nacional– ha sido sustituido por un turboélice extranjero. «Hemos pasado del C-101, reactor de diseño y fabricación nacional, para instrucción avanzada, a un turboélice extranjero», lamenta un aficionado.
La paradoja de la seguridad
A favor: la princesa se codea con la élite de las Fuerzas Armadas, algo que un presidente electo jamás lograría. En contra: en la era de los drones, ¿tiene sentido que una jefa de Estado sepa pilotar un caza? «Las guerras ahora van con drones», recuerdan. El debate de fondo no es si Leonor sabe volar, sino si este despliegue de imagen compensa el desgaste institucional y el gasto público.
Con los datos sobre la mesa, la pregunta queda abierta: ¿formación de Estado o puro postureo?