Marruecos arma su ejército y el español duda ante Ceuta
¿Puede España defender Ceuta y Melilla si Marruecos aprieta? La pregunta ya no es teórica. Mientras Rabat ha gastado 70.000 millones de dólares en cazas, drones, buques de combate y artillería pesada desde 2002, dentro de las Fuerzas Armadas se extiende una duda incómoda: la superioridad militar sobre el vecino del sur ya no se da por descontada. No es un debate académico; es el escenario que ha llegado a los manuales de planificación.
La paradoja del gasto: más dinero, menos capacidad
En cifras agregadas, España gasta más. El presupuesto de defensa de 2025 superó los 30.000 millones de euros, más del doble que los 2.900 millones anuales de media que Marruecos ha dedicado a armamento desde 2002. Pero el análisis se desmonta cuando se mira el detalle. Rabat ha comprado un paquete coherente: 25 F-16 Block 72 encargados en 2019, la modernización de otros 23 a estándar Viper, artillería autopropulsada Caesar y ATMOS, lanzaderas HIMARS y una flota de drones. Es decir, material pensado para un escenario concreto, mientras la inversión española se diluye en partidas que no siempre llegan a las unidades.
¿Invasión o marcha verde?
El debate sobre cómo se materializa la presión marroquí divide a los analistas. Una corriente sostiene que una operación militar convencional es improbable: el 90% del ejército marroquí está desplegado en el Sáhara conteniendo al Frente Polisario, y el resto protege el palacio real. La amenaza real sería otra “marcha verde” de miles de personas cruzando la frontera, un escenario que las actuales vallas no han logrado contener. De hecho, se recuerda que las entradas masivas se han repetido por los mismos puntos débiles, a pesar de las cámaras y sensores.
Frente a eso, hay quien defiende que la fortificación del perímetro, con campos de minas y una barrera marítima más sólida, sería suficiente para disuadir cualquier intento. La diferencia con la Marcha Verde original es notable: Ceuta y Melilla son territorios delimitados, defendibles. Pero eso exige voluntad política, y aquí el escepticismo es casi unánime.
Un ejército cuestionado hasta dentro
Las dudas no vienen solo de fuera. En el análisis se cuelan referencias a unas Fuerzas Armadas que, según fuentes citadas en el debate, llevan años “inoperativas” y con problemas hasta para las raciones de comida. La comparación con episodios como la isla de Perejil, donde no se disparó un tiro, planea sobre cualquier discusión. Y cuando se habla de respuesta, aparecen dos extremos: quienes piden un plan de disuasión agresivo, con capacidad de dejar sin fuerza aérea al vecino en horas, y quienes directamente dan por perdidas las plazas y proponen una estrategia de bloqueo económico total.
En medio, la cláusula de defensa mutua de la UE (artículo 42.7) suena a red de seguridad, pero pocos confían en que Europa se juegue algo por dos ciudades al otro lado del Estrecho.
Estrategias de papel, decisiones de hierro
Las propuestas van desde minar el perímetro hasta bloquear las exportaciones agrícolas marroquíes, pasando por condicionar cualquier ayuda europea. Algunas son pura ferretería geopolítica; otras, directamente inviables. Pero todas comparten un diagnóstico: el problema no es solo de presupuesto, sino de prioridades. Se gasta, sí, pero se invierte mal, y la frontera sur sigue siendo el punto débil que nadie termina de sellar.
Mientras tanto, la pregunta incómoda sigue ahí. Si alguien piensa que defender Ceuta y Melilla es solo cuestión de números, que pregunte a los que llevan años viendo cómo se entra por el mismo espigón. La duda, a estas alturas, no es si tenemos armas; es si tenemos plan. Y eso, en el argot militar, se paga caro.