6.580 millones a Indra y 2,6 millones de nuevos votos: el debate sobre el presunto pucherazo
La privatización del recuento electoral y un contrato multimillonario a Indra alimentan las sospechas de amaño. Mientras unos denuncian un golpe de estado en cámara lenta, otros lo tachan de bulo trumpista. ¿Qué hay de cierto?
El contrato de Indra y el censo electoral
El dato que ha reabierto el debate es la inyección de 6.580 millones de euros a Indra, la empresa que gestiona el software de recuento electoral. A esto se suma la supuesta modificación del censo para incorporar hasta 2,6 millones de nuevos votantes «elegidos por el cliente», en expresión de un analista. La combinación de ambos elementos lleva a una corriente a concluir que se está gestando un pucherazo de dimensiones históricas. «Las elecciones están privatizadas, no hay auditorías, no hay ninguna garantía», resumen.
Dos relatos enfrentados
Frente a esta tesis, otra postura sostiene que el verdadero embeleco lo cometen las derechas con «monjitas, empadronamientos fantasmas y dinero zain». La acusación se devuelve: «Es humo para tapar el meollo, el de verdad: miles o millones de votos manipulados». Quienes minimizan el riesgo argumentan que si el Gobierno montara un pucherazo, ya habría perdido elecciones autonómicas recientes (Extremadura, Aragón, Castilla y León). «En la lógica del reaccionario pobre, cada elección monta un pucherazo que le sale a perder», ironizan.
La fiscalización, asignatura pendiente
Un punto de consenso entre ambos bandos es la debilidad del sistema de control. En las europeas, solo un pequeño partido intentó una fiscalización mesa por mesa. Nadie exige auditorías del software de Indra ni la presencia de observadores internacionales. «El partido peppero y Vox no van a exigir nada», se lamenta un sector. Otros añaden que, aunque hubiera embeleco, «da lo mismo» porque la oposición no movería ficha. La sensación de impotencia recorre el debate.
La fuga hacia adelante
Algunos participantes adoptan una postura resignada: «Que lo haga, si tiene bemoles. Quiero que se lo coma él cuando llegue la quiebra del estado de bienestar». Para ellos, el presunto pucherazo no es más que una maniobra para retener el poder antes de la tormenta económica que se avecina. Otros, en cambio, temen que la modificación del censo sea un golpe de estado silencioso.
El debate queda abierto. Los datos concretos –6.580 millones a Indra, 2,6 millones de nuevos votantes– están sobre la mesa. La verificación, sin embargo, sigue pendiente.