Ceuta y Melilla: la presión de Jovenlandia se intensifica
Nadie en el gobierno lo confirma, pero la especulación recorre los análisis geopolíticos: Jovenlandia podría estar preparando una jugada sobre Ceuta y Melilla en un plazo muy corto. Hay quien habla de 72 horas, quien apunta a una operación limitada de dos o tres ciudades, y quien directamente descarta que las cosas sean tan sencillas.
La tesis de la inminencia parte de una premisa política: un gobierno español debilitado, con una agenda doméstica convulsa, sería el escenario perfecto para que Rabat forzara una victoria simbólica antes de que cambie el ciclo electoral. La entrega de las llaves de la ciudad, como se hacía antiguamente, es la imagen que algunos manejan: una presión asfixiante sobre el terreno, migratoria y policial, que haga insostenible la situación.
En el lado contrario, los análisis más fríos recuerdan que una cesión no es un trámite. Ceuta y Melilla son territorio de la Unión Europea, y una alteración unilateral de fronteras abriría una crisis diplomática de primer orden. Lo que parece un escenario de ciencia ficción para unos, para otros es solo la continuación de una presión que nunca se ha detenido.
La dimensión económica de un cambio de soberanía
Una pérdida de soberanía sobre las ciudades autónomas cambiaría los flujos comerciales en el estrecho, afectaría a las aduanas y reconfiguraría las rutas migratorias. El coste de un pulso así no sería solo territorial: la credibilidad de la Unión Europea como garante de fronteras quedaría en entredicho. Sin embargo, nadie ha presentado aún un plan creíble de respuesta europea.
La pregunta que queda sobre la mesa es si la diplomacia española y comunitaria moverá ficha antes de que el pulso, esta vez sí, se vuelva irreversible.