Pentium 4 y Windows 8: la respuesta es no
Un Pentium 4 a 3,20 GHz con 1,5 GB de RAM DDR1. Esa es la máquina sobre la que se planteó instalar Windows 8, y la respuesta que recibe el planteamiento es prácticamente unánime: no. El equipo arrastra una arquitectura de hace dos décadas, con memoria DDR1 —el módulo de 1 GB cuesta «dos duros» en Amazon, pero la placa solo soporta 2 GB— y una CPU mononúcleo que, según los cálculos que circulan, rinde a la par que los primeros Atom. Windows 8, Windows 7 y Windows 10 piden 1 GB en 32 bits y 2 GB en 64 bits solo para arrancar. La diferencia entre arrancar y funcionar es, precisamente, donde se rompe el relato.
Los requisitos oficiales frente a la realidad
Microsoft es «excesivamente optimista» con sus requisitos mínimos, resume un participante que probó Windows 95 en un 386 con 4 MB de RAM. La cifra de 1 GB que figura en la ficha técnica de Windows 8 no describe un sistema usable: describe un sistema que enciende. Sobre un Pentium 4 mononúcleo, el cuello de botella no es la RAM —que también— sino la CPU y la gráfica integrada. Un usuario que tiene varios portátiles Pentium 4 a 1.600, 2.200 y 3.333 MHz reconoce que solo con el más potente, 1,5 GB de RAM y Windows XP o Linux Mint 19 tiene paciencia para navegar. Con Windows 7, directamente, «no hay huevos».
Hay quien apuesta a que Windows 10 incluso arrancaría en ese hardware. El matiz es que el rendimiento «va a dar pena y asco a la vez». La distinción entre encender y usar es la clave de todo el asunto.
La alternativa que se repite: Linux ligero
La recomendación mayoritaria no es actualizar Windows, sino cambiar de sistema operativo. Las distribuciones ligeras —Antix, Lubuntu, Linux Mint XFCE— levantan el escritorio con 120-150 MB de RAM, frente a los 1,5 GB que se come Ubuntu con Gnome 3 nada más abrir. Con 1 GB de memoria sería suficiente, y no haría falta ampliar a los 2 GB máximos que soporta la placa.
El argumento no es solo de rendimiento. Un sistema actualizado, sin virus ni antivirus, con paquete ofimático, navegador, gestor de torrents y tienda de aplicaciones tipo Play Store, convierte un equipo inservible en algo utilizable. Se instala desde un USB sin tocar el disco para probarlo, y si no convence, se borra. Quince minutos, coste cero.
El problema real: la gráfica y los drivers
La salida de vídeo sale directamente de la placa, sin gráfica dedicada. Eso significa que los gráficos los proporciona la CPU y son «muy flojos». Los drivers son otro obstáculo: el propio autor del experimento consiguió instalar Windows 7, pero no lograba que la placa instalase los controladores para ese sistema. Con Nvidia, la solución pasó por una pestaña pequeña que despliega todos los sistemas operativos disponibles; instaló el de 32 bits y arrancó.
Aun así, la pantalla no se veía con nitidez y al encender parte de la imagen se desplazaba a la derecha, dejando un lado en negro. La solución provisional: entrar en configuración de pantalla, poner 1024x768, aceptar y volver. Un parche sobre otro parche.
¿Merece la pena ampliar la RAM o cambiar de equipo?
El equipo solo soporta 2 GB de RAM DDR1. Cambiar el módulo de 500 MB por uno de 1 GB es barato, pero el beneficio es marginal: el cuello de botella está en la CPU y la gráfica. Un análisis más frío apunta a que con 1 GB puede bastar si el uso es navegador con tres pestañas, hoja de cálculo y procesador de textos, que consumen unos 500 MB.
La otra vía es cambiar de máquina. Por menos de 200 euros hay equipos de segunda mano —un i3 con Windows 10 y SSD de 256 GB por 80 euros, según un caso concreto— que multiplican por tres o cuatro el rendimiento del Pentium 4. La resistencia a tirar algo que funciona es comprensible, pero el coste de oportunidad se mide en tiempo perdido.
Al final, el equipo arranca rápido con Windows 7, los tirones del reproductor multimedia han desaparecido y la mula descarga más rápido. Todo eso es cierto. También lo es que la pantalla sigue sin verse bien, que los drivers son una carrera de obstáculos y que la CPU no da para YouTube ni al mínimo. El análisis se atasca exactamente ahí: en un equipo que funciona, pero que no sirve para lo que la web de hoy exige.