The Economist corona la economía española por la inmigración
Un titular de
The Economist que califica a España como la mejor economía del mundo en 2024 gracias a la
inmigración ha desatado una tormenta en los mentideros económicos. La revista británica, biblia del liberalismo anglosajón durante décadas, se convierte ahora en panfleto según a quién preguntes. El dato que nadie discute: la llegada de migrantes sostiene el crecimiento del PIB. Lo que sí se discute, y mucho, es a qué precio.
Qué dice exactamente el artículo de The Economist
El semanario británico sostiene que la economía española lidera el crecimiento entre las grandes del mundo desarrollado durante 2024, y atribuye buena parte del mérito al impulso demográfico que supone la llegada de trabajadores extranjeros. La tesis no es nueva: población activa que crece, consumo que tira, cotizaciones que engordan las arcas públicas.
La reacción en los foros económicos ha sido inmediata y furiosa. Hay quien recuerda que ese mismo medio era el oráculo de los liberales hasta hace dos telediarios y ahora resulta sospechoso de rojeras.
The Economist es leninismo, resume uno. Otro ironiza con que se les ha colado el artículo que pensaban publicar dentro de 17 días.
El PIB crece, el bolsillo no
El crecimiento del PIB es una cosa. La cesta de la compra es otra. Varios mensajes insisten en la misma paradoja: la economía macro va como un cohete mientras el ciudadano medio pierde poder adquisitivo. Un usuario pone el ejemplo del chocolate al 85% que ha pasado a costar casi 18 euros el kilo en un supermercado de referencia, con un sueldo congelado desde hace 15 años y subidas del 0,8% anual.
El argumento se repite con distintas cifras: de nada sirve que te suban 1.000 euros brutos al año si eso se queda en 20 euros netos al mes mientras los coches han subido un 50% en una década y la cesta de la compra se ha duplicado en cinco años. La brecha entre el dato oficial y la experiencia cotidiana es, quizá, el hilo conductor de todo el malestar.
¿Cuánto pesa la inmigración en el crecimiento español?
No hay consenso. Una parte del análisis sostiene que España solo crece a base de burbujas sucesivas: primero la inmobiliaria, ahora la de deuda y la de población. El argumento es que sin entrada neta de trabajadores el crecimiento se desplomaría, y que ese modelo tiene fecha de caducidad. La próxima crisis de deuda, avisan, será brutal.
En el otro extremo, hay quien defiende que la inmigración es una bendición demográfica en un país envejecido, y que el problema no es la llegada de gente sino la falta de vivienda, de servicios públicos y de salarios dignos. El cálculo completo, desglosado partida a partida, da una diferencia que sorprende a quien lo hace.
El alquiler, la variable que nadie discute
Si hay un punto donde casi todas las posturas convergen es en el precio de la vivienda. La presión demográfica sobre el alquiler se cita como consecuencia directa: más gente buscando piso, misma oferta, precios al alza. Un mensaje lo resume con sorna: el alquiler del zulo de extrarradio subirá un 80% el año que viene y tocará mudarse un poco más lejos de Madrid.
La relación entre inmigración y vivienda se plantea como tensión social, no como causa única. Hay quien subraya que el problema es de oferta y de suelo, no de demanda. Y hay quien responde que eso es consuelo de mal pagador.
La deuda, el elefante que nadie quiere mirar
España es uno de los países más endeudados del mundo, recuerdan varios mensajes. El crecimiento del PIB se lee, desde esta óptica, como maquillaje estadístico que no resuelve el problema de fondo. La comparación que circula es doméstica: es como si a una familia le prestan un millón de euros, empieza a viajar y a cambiar de coche, y los vecinos concluyen que tiene la mejor economía del barrio.
El paralelismo tiene gracia y algo de trampa. Pero apunta a una pregunta incómoda: ¿cuánto del crecimiento español es estructural y cuánto es deuda disfrazada de prosperidad?
Quién paga los impuestos en España
El reparto de la carga fiscal es otro frente abierto. Un mensaje calcula que un asalariado medio aporta en torno al 30% de sus ingresos entre IRPF, cotizaciones e IVA, mientras que los patrimonios altos contribuyen con porcentajes muy inferiores. La respuesta no se hace esperar: el 3% de los que más tienen aporta más en términos absolutos que el 30% de la clase media.
El intercambio deriva hacia el clásico: si se fastidia a los ricos, se van. Y la ventaja de ser rico, zanja alguien, es que eres bienvenido en casi todo el mundo. La discusión fiscal queda abierta, como casi siempre.
El crecimiento que no llega a la emancipación
El cierre del debate deja una imagen incómoda: la mejor economía del mundo según
The Economist es también aquella en la que un joven no puede emanciparse porque la vivienda es un bien de lujo, y en la que llenar el carro del supermercado cuesta la nómina de diez días.
¿Cuánto de ese titular aguanta el escrutinio de una nómina a fin de mes?