El amarre de Getxo pasa de 40 a 180 euros y el puerto se queda sin barcos
Cuarenta euros al mes costaba amarrar un bote de seis metros en el puerto deportivo de Getxo. Ciento ochenta cuesta ahora. En las esloras grandes el salto es todavía mayor: de 200 a 800 euros mensuales. La concesión administrativa expiró, las tarifas se recalcularon al alza y el resultado es un puerto público que ha dejado de ser barato justo cuando su clientela natural —armadores de fin de semana y vecinos con un gasolino para ir a por txipirones— tenía menos margen para pagarlo.
La paradoja tiene gracia. El puerto vecino, el
Marítimo del Abra, club privado y en apuros, resulta más económico que el público. Con los precios nuevos, la previsión que circula es que las plazas que se liberen acaben en manos de flota de charter o de propietarios extranjeros, con el barco quieto once meses al año. Y el amarre, recuerdan, no es una propiedad: es una concesión con fecha de caducidad.
Qué ha cambiado con las tarifas del puerto deportivo de Getxo
El puerto nunca fue territorio de grandes fortunas. Funcionaba con cuotas mensuales de
30 a 50 euros dentro de una concesión a 25 años, una cifra que lo convertía en un servicio casi popular. Las tarifas nuevas, publicadas por el Ayuntamiento de Getxo y por el gestor del puerto, rompen ese modelo: un bote de seis metros pasa de 40 a 180 euros y una gran eslora, de 200 a 800.
Hay quien sostiene que la Administración ha conseguido justo lo contrario de lo que decía buscar: encarecer el amarre público hasta dejarlo por encima del club privado y empujar a los socios al Marítimo. La diferencia entre tarifa vieja y nueva no se explica sola por el mantenimiento ni por las obras pendientes, y el desglose completo de ambos cuadros tarifarios da un salto que sorprende cuando se pone en columna.
¿Por qué los barcos se marchan al Marítimo del Abra y a Laredo?
Los que se quedan han ido migrando. Primero al Marítimo del Abra, hasta llenarlo. Después a Laredo. La navegación de recreo de la zona se sostiene sobre dos clubes, Marítimo y Orza, con sus calendarios de regatas, más los náuticos de Castro Urdiales y Laredo. La ría getxotarra es grande y está rodeada de acantilados, pero queda lejos de todo: para dar un garbeo hay que salir mar adentro y buena parte del año hay galernas. Un amarre caro en un sitio incómodo tiene pocos novios.
Quien ha sido armador lo resume sin adornos:
más del 90% de los barcos no sale más de diez días al año, y casi siempre para la procesión del Carmen y alguna regata de verano. Si el barco se usa diez días, la subida se paga por guardar un objeto, no por navegar. Es la misma cuenta que hace años llevó a otro propietario a vender su embarcación y mudarla a Galicia.
El cierre del Skippers y el desplome del ocio
El bar
Skippers, referencia de las tardes del puerto, celebró su fiesta de despedida. Detrás del cierre no está solo el precio del amarre: los controles de alcoholemia, la obligación de retirar las terrazas y los horarios de cierre fueron vaciando la zona hasta dejarla sin el público que la sostenía.
Quien pasa por allí lo describe como un paisaje desangelado, con baños que piden contraseña y locales cerrados. Hay quien señala que es el único sitio conocido donde ha echado el cierre un McDonalds, que es una forma bastante gráfica de medir el abandono. Lo que queda son terrazas medio vacías y una hostelería que ya no se parece a la que la zona presume. Se salva el cine: el Lauren de Getxo sigue abierto y es, dicen, el más barato de Bizkaia.
¿Cuánto cuesta de verdad tener un barco en España?
Comprar no es lo caro. Se encuentran veleros de
26-28 pies por menos de 10.000 euros. El problema es atracarlo y mantenerlo. La comparación con Francia es demoledora: al otro lado de la frontera el coste era la mitad y el barco se vivía como un deporte, no como un lujo. Muchos armadores españoles han cambiado la bandera a Polonia para esquivar la inspección técnica de embarcaciones, y los vídeos que lo explican se cuentan por docenas.
Y luego está la costa. En la Comunidad Valenciana, se asegura, no hay ni una rampa pública para echar el barco al agua, mientras en Baleares los ayuntamientos las ofrecen con parking y una cuota simbólica anual. Sin rampas y sin zonas de fondeo, la única puerta es el puerto privado. La escasez no la pone el mar.
Getxo, Neguri y el relevo de una burguesía
El trasfondo es el de siempre. La vieja burguesía de Neguri hace décadas que se fue a Madrid, a Londres o a Miami; las casonas se han ido partiendo en pisos de 100 a 200 metros a un millón la pieza. Lo que queda son pequeños rentistas, herederos con el patrimonio repartido y una fama que ya no se sostiene sola.
Getxo sigue siendo idílico para familias jóvenes. Si no hay más, dicen, no es por falta de ganas, sino de posibles. Y los pisos areníticos, hasta en las zonas más vistosas, siguen sin reformar: cápsulas del tiempo a precio de oro.
Con el amarre cuadruplicado y los barcos de mudanza, queda por ver quién llena el próximo verano un puerto que empezó a vaciarse antes de subir los precios.