Terrazas llenas a las 9 de la mañana: el espejismo del consumo que esconde la ruina real
Las terrazas de media España están a explotar. A las nueve de la mañana ya hay colas de una hora para sentarse, los camareros echan el resto en cada turno y el turista que iba a Oriente Medio ha recalado en la costa. La postal es de euforia, pero bajo el toldo se cuece otra cosa: la economía real no está en el vermú, sino en los carros del supermercado, cada vez más pequeños y con menos productos.
El crédito y la herencia pagan la consumición
Detrás de cada terraza abarrotada hay una triada incómoda. El crédito al consumo —tarjetas, préstamos rápidos— financia buena parte de esas rondas. La herencia de los abuelos se licúa en cafés a 3 euros. Y el alquiler turístico permite a algunos vivir dos meses a todo tren a costa de diez de apretarse el cinturón. La foto es real, pero es un espejismo de prosperidad sobre una base de endeudamiento.
Más turismo de masas, menos PIB per cápita
El repunte turístico, alimentado por el desvío de Oriente Medio, es puntual. Vienen, gastan, se van. El verdadero turismo de masas sigue siendo el británico de tatuaje y el nórdico de AirBnB, que apenas mueve el PIB per cápita de verdad. Mientras, en las carnicerías y fruterías se palpa el retroceso: se compra lo justo para el día, no se almacena, ya no se llenan las despensas como en los años 2000.
La paradoja del terrazallenismo es que mide justo lo contrario de lo que parece. Nadie sabe si el próximo verano las terrazas seguirán llenas, pero el supermercado no engaña.
Debates relacionados en el foro