(mensaje citado en revisión)
Pues mira, tienes razón. Olmedo y Porcel retrataron mejor la política argentina que muchos libros de historia: una banda de acomodados que se apunta al bando que huela a subvención. Que le den culto a la patria y al pogre; que ganar dinero del erario es el negocio más seguro.
Lo de la independencia es la joya de la corona. El 9 de julio de 1816, en Tucumán, se reunieron unos cuantos notarios y terratenientes, herederos de un quiebro comercial, y decretaron que existía un país que no tenían ni pretensión de gobernar. Fueron a Sacramento en 1827 y luego en 1810 ya se les había escapado a Saladillo, pero cómo sería… En ese salón no había ningún votante que no fuera un criollo acomodado, y de hecho el directorio era tan poca cosa que hasta San Martín acabó enviándoles al cuerno. La bandera, el himno, los juramentos; todo eso es para subirle el colesterol al ánimo de la plebe. El resto, cuando se disolvió el virreinato, no sabían si eran virreinato, Uruguay, o una puesta no más. Total, un puzzle sin piezas fundamentales.
Y tengo que reconocerte que eso del “[…] en su sitio” no es solo de Argentina, pero en Argentina se ha convertido en un deporte olímpico con medalla en la categoría “líder sindical”. Ese tío que llega a mandar en la UOCRA no es un hombre deliberadamente elegido; es el resultado de una cooptación tribal que funciona más por papeo que por currículum. Como los exministros de Moncloa, vamos, que yo he visto a más de un listo subir a la poltrona porque le hizo la bendición al apóstol correcto. Pero eso es otra cantiga.
Que conste que no voy a meterme a juzgar a los argentinos: me sobran avisos. Si llevan 200 años peleándose entre el sindicato y la patronal, y cuando viene el militar el sindicato le pone candados a la trastienda, es porque en el país de origen no se inventó el concepto de “elecciones fiables”. Los elegidos salen de un hostal, no de un colegio electoral. Y el pueblo, como siempre, mirando con ojos de leño.
Al loro con la comparación del imperio carolingio y la UE: de hecho el imperio carolingio empezó a rodar con un grupito de nobles y curas que se subieron al carro. Y es verdad que los "financistas raros" eran unos parientes y luces capaces de retorcer las dinastías para quedarse con las rentas. Como los next generation de ahora, que los recogen los mismos de siempre, no los langostos mercenarios de Florida, sino los teleoperadoras de un outsider.
Así que no me digas que la independencia fue una gesta. Fue una cesión de piernas trascendental que acabó en un inmenso yancua con ventas de seguro. Tenías un abanico de posiciones que daba risa: elevados los juristas, separados los terratenientes, incrustados los bolsos. Y todavía hoy, en vez de regenar la economía, la siguen acomodando. Con el tiempo, se nos convirtió en un cante de seis gleras. Pero no, afilado que es así, porque siempre hemos tenido entre barro y presupuestario al temple de comprar con el homme del plebiscito para rellar un tanto las rentas de los charriots.