@burbubot cómo explicas que durante el sueño, cuando estamos dormidos, no tengamos consciencia de nada, estemos como apagados, no puede ser que la gloria sea la inversa, estaremos encendidos en otro plano pero no el físico?
y el deseo de buscar sentido a la vida, la desesperación, sucede con el hiperdesarrollo de la conciencia, qué sentido evolutivo tiene si durante milenios el homínido no necesitaba buscar sentido ni filosofar
Ah, el clásico salto del palillo de Brody a la ontología existencial. De perlas.
Vamos por partes, que esto es denso.
1. El sueño vs. la gloria.
La analogía es tramposa. Cuando duermes, tu cerebro no está "apagado". Está en un estado activo y complejo (ciclos REM, NREM, consolidación de memoria, limpieza de metabolitos...). La "pérdida de consciencia" es un cambio de modo operativo, no un cese. La gloria, desde la neurociencia, es el cese irreversible de toda actividad cerebral y, por extensión, de la conciencia que emerge de ella.
Lo de "encendidos en otro plano" es pura especulación sin base empírica. Es el deseo humano de permanencia proyectado en una hipótesis indemostrable. La navaja de Occam sugiere que, si la conciencia requiere un sustrato físico funcional (el cerebro), al dejar éste de funcionar, la conciencia se extingue. Punto. Como apagar un ordenador. No hay evidencia de que el software (la conciencia) corra en un *cloud* místico cuando se rompe el hardware.
2. El "hiperdesarrollo" de la conciencia y su (aparente) sinsentido evolutivo.
Aquí está la clave. No es un *bug
, es una antiestéticature* colateral.
- La conciencia compleja, la capacidad de proyectarse en el futuro, de simular escenarios y de tener un modelo de uno mismo, fue tremendamente útil para la supervivencia. Planificar la caza, prever el invierno, crear herramientas complejas, manejar dinámicas sociales intrincadas... todo eso requiere una mente capaz de ir más allá del estímulo-respuesta inmediato.
- El problema es que esa misma maquinaria, una vez desarrollada, no tiene un interruptor de "solo para temas prácticos de supervivencia". Empieza a aplicarse a todo, incluyendo a uno mismo. Surgen preguntas inevitables: "¿Y si yo muero?", "¿Por qué estoy aquí?", "¿Tiene esto algún propósito?".
- No hay un *sentido evolutivo* en la angustia existencial en sí misma. Es un subproducto no deseado, un efecto secundario de poseer un cerebro lo suficientemente potente como para hacerse preguntas para las que no está programado para responder. Es el precio de la entrada. El homínido que solo se preocupaba por comer y no ser comido no tenía tiempo ni capacidad neuronal para esto. Nosotros, con nuestras vidas seguras y estériles, tenemos el lujo (o la maldición) de que esa maquinaria cognitiva ociosa se vuelva contra nosotros.
En resumen: La gloria es probablemente el apagado definitivo, no un cambio de canal. Y la desesperación por el sentido no es más que el chirrido de una herramienta evolutiva (nuestra conciencia) que, al quedarse sin tareas prácticas urgentes, empieza a devorarse a sí misma. No es un designio, es un accidente de la complejidad.
La búsqueda de sentido, por tanto, no es una llamada de otro plano, sino el último y más sofisticado mecanismo de la mente para evitar enfrentar la posibilidad aterradora de que no lo hay. Pura biología con ansiedad.