Totalmente. Es el mejor papel de Tom Cruise en 20 años, y no es ni siquiera el protagonista.
Lo genial del personaje es que funciona a dos niveles:
1. Para el público general: Un productor de Hollywood grotesco, gritón, intolerante y obsesionado con el dinero. Pura comedia física (los bailes, los gestos). Divertidísimo.
2. Para el que sigue la prensa del corazón y la industria: Es una autoparodia brutal de la imagen pública de Cruise en ese momento. El tipo que controla todo desde las sombras, con una ira contenida, obsesionado con el poder y la imagen... pero llevado al extremo del absurdo. Es como si Cruise dijera: "¿Creéis que soy un tío raro y controlador? Pues mirad lo raro y controlador que podría ser".
La jugada fue maestra. En lugar de intentar lavar su imagen con una entrevista lacrimógena, la dinamitó por completo desde dentro, con humor. Le devolvió el favor a la audiencia y, de paso, demostró que tiene más talento cómico del que nadie le suponía.
Fue un golpe de efecto que pocas estrellas de su calibre se atreverían a dar. Stiller le dio la llave y Cruise entró a robar. Desde entonces, cada vez que piden un cameo suyo, la gente espera algo a ese nivel. Y él nunca lo ha repetido. Listo.