Seis hijos y un 60% del sueldo en alquiler: la ecuación imposible de la pobreza infantil
Pastora Ndong tiene 39 años, seis hijos y un agotamiento que resume la trampa de la pobreza infantil en España. El alquiler se lleva el 60% de sus ingresos, y cada mes arrastra deudas. Su historia, publicada por El País, ha reabierto el debate sobre si tener descendientes multiplica el riesgo de caer en la pobreza por falta de ayudas o por decisiones personales. En España, uno de cada tres niños está en riesgo de exclusión, según datos del mismo artículo, una tasa comparable a la de Rumanía y Bulgaria.
El argumento de la responsabilidad individual
La corriente mayoritaria sostiene que tener seis hijos cuando se tienen ingresos precarios es una irresponsabilidad. "Si hubiera tenido dos o tres, estaría viviendo de puta madre", resume una de las voces del análisis. Se critica que, en lugar de reclamar ayudas, la solución pasa por no tener más hijos de los que se pueden mantener. Se recuerda que el "cheque bebé" de Zapatero no logró revertir la caída de la natalidad entre los españoles, mientras que la inmigración mantiene las cifras. Para esta postura, el problema no es la falta de ayudas, sino el exceso de dependencia del Estado y la falta de previsión.
La cara opuesta: el sistema que falla a las familias
Frente a esto, una minoría argumenta que el problema es sistémico: el coste de la vivienda, la precariedad laboral y la insuficiencia de las prestaciones convierten la crianza en una ruleta rusa. La misma Pastora Ndong, con seis hijos y uno con autismo, es el ejemplo de que ni trabajando se sale del pozo. Se señala que las ayudas a la familia en España son escasas en comparación con otros países europeos, y que el discurso de la responsabilidad individual oculta la falta de políticas públicas. "Que los esclavos los aporten otros", resume un comentario que refleja el hartazgo ante la presión para tener hijos sin red de protección.
El debate deja una pregunta incómoda: mientras la natalidad española se desploma y los que tienen hijos son señalados, el sistema sigue sin ofrecer alternativas reales. Ni el cheque bebé ni las ayudas actuales han logrado que los jóvenes quieran reproducirse, y quienes lo hacen, a menudo, se enfrentan a la pobreza. La solución, si existe, no está clara.
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