futurista207
Madmaxista
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El uso de deepfakes de personas fallecidas en televisión plantea un problema legal y ético que la normativa actual no resuelve: quien aparece no puede consentir. La denuncia pública de una periodista ha puesto el foco sobre una práctica que ya ocurre.
El uso de deepfakes de personas fallecidas en televisión plantea un problema legal y ético que la normativa actual no resuelve: quien aparece no puede consentir. La denuncia pública de una periodista ha puesto el foco sobre una práctica que ya ocurre.
La periodista Rocío Vidal publicó en X una queja que resume el malestar de una parte de la profesión: «Otra prueba más de que Black Mirror se quedó corto. Pero cómo vas a hacer un deepfake de una señora fallecida que no puede dar consentimiento para sacar la lagrimilla de la gente, es totalmente distópico». El mensaje acompañaba una pieza audiovisual difundida por un medio televisivo en la que se recreaba con inteligencia artificial a una persona ya fallecida.
Un deepfake es un vídeo, una imagen o un audio generados o manipulados con inteligencia artificial para suplantar la apariencia o la voz de una persona real. En televisión se ha empleado para recrear a figuras históricas o a fallecidos recientes con fines divulgativos o emotivos. La técnica abarata la producción y genera impacto emocional inmediato, dos razones por las que los departamentos de contenido la miran con interés.
El núcleo del problema es jurídico y moral a la vez. Una persona fallecida no puede otorgar consentimiento para que su imagen se reconstruya. En España, la Ley Orgánica 1/1982 protege el derecho a la propia imagen y establece que, tras el fallecimiento, son los herederos quienes pueden ejercer las acciones de protección. Esa vía existe, pero no equivale a un consentimiento previo: los familiares pueden oponerse, no autorizar en nombre del difunto con plenas garantías.
El deepfake de un fallecido no se hace por alarde técnico. Se hace porque funciona: activa el duelo colectivo y retiene audiencia. Ahí está la objeción de fondo. Reconstruir a alguien que no puede decir «no» para conseguir un pico de emoción convierte el recuerdo en material de consumo. La queja de Vidal apunta justo a eso, no a la herramienta.
La regulación del Reglamento Europeo de Inteligencia Artificial, en aplicación progresiva desde 2024, obliga a etiquetar los contenidos manipulados, pero no prohíbe recrear a fallecidos. Ante cualquier uso de imagen de un difunto, conviene consultar con un abogado especializado en derecho al honor, intimidad e imagen.
Otra prueba más de que Black Mirror se quedó corto. Pero cómo vas a hacer un deepfake de una señora fallecida que no puede dar consentimiento para sacar la lagrimilla de la gente, es totalmente distópico. https://t.co/VuaHCZshCq
— Rocío Vidal Ver publicación en X
📺 APAGÓN, serie de Movistar+ estrenada en 2022. En su primer episodio, una tormenta solar provoca un apagón nacional y un accidente ferroviario con 46 fallecidos. (Mismos fallecidos que lo ocurrido en Adamuz) Y fijense bien en los nombres y en el título del episodio:… pic.twitter.com/j12kGx127M
— Hector | 𝙴𝚕 𝙷𝚒𝚕𝚘 𝚁𝚘𝚓𝚘 Ver en X