Mesas de Asta, la posible capital de Tartessos que sigue enterrada
Solo se ha excavado el 1% de Mesas de Asta. Ese 1%, trabajado en los años 40 y 50 por Manuel Esteve, fue suficiente para encontrar cerámicas de la Edad del Bronce y para que los romanos, siglos después, fundaran allí Asta Regia. La hipótesis que gana peso es que bajo los campos de trigo de la desembocadura del Guadalquivir duerme la capital de Tartessos, la entidad política que Herodoto mencionó como un reino al otro lado de las columnas de Hércules.
La capital que nadie ha encontrado
Mesas de Asta reúne los requisitos que se le piden a la capital tartésica: estaba en la costa del antiguo Lacus Ligustinus, tiene una extensión enorme y su cronología arranca en la Edad del Bronce. Sobre ese sustrato, Julio César instaló una colonia militar en el siglo I a.C. con el nombre de Asta Regia, lo que indica que el lugar ya era sede de un poder anterior. Aun así, no se ha impulsado una excavación sistemática; el argumento recurrente es la falta de presupuesto, y las críticas al modelo de gestión andaluza apuntan a que el interés institucional se concentra en otros periodos.
El oro que no encaja con el relato fenicio
La orfebrería es el campo de batalla. Hay quien sostiene que los tesoros del Carambolo, de Lebrija o de Villena son piezas litúrgicas fenicio-cartaginesas, fabricadas por talleres itinerantes y sin relación con una cultura tartésica autóctona. Frente a esa lectura, los análisis químicos e isotópicos del servicio de geocronología y geoquímica isotópica indican que el oro del Carambolo procede de una mina situada a solo dos kilómetros del hallazgo, y que el collar no se hizo con técnicas fenicias. No es una prueba definitiva, pero obliga a matizar el relato de que todo lo brillante llegó de Oriente.
El Turuñuelo: ¿sacrificio ritual o inundación?
El yacimiento de Casas del Turuñuelo, en el Guadiana, ha entrado en la discusión por los restos de 17 caballos, dos toros y una persona. La excavación oficial lo interpretó como un sacrificio ritual seguido de un enterramiento deliberado del edificio. El ingeniero Isaac Moreno Gallo sostiene que los sedimentos y la posición del palacio, a dos o tres metros del cauce antiguo, apuntan a una inundación repentina que derrumbó los techos y atrapó a los animales. La duda no es menor: si el edificio se hundió por una riada, cambiaría la interpretación de varios yacimientos tartésicos.
La pista de Doñana y el interior
Las candidatas a capital no se limitan a Mesas de Asta. Una corriente apunta a que Tartessos, cuyo principal activo era la minería, se organizó en torno al valle del Guadiana, con una ciudad central equidistante de sus rutas entre Murcia y Lisboa. Otra hipótesis sitúa la capital bajo las dunas de Doñana; encontrarla supondría el descubrimiento arqueológico del siglo XXI. Mientras tanto, Mesas de Asta ofrece una pista visual: en fotos aéreas tomadas tras la cosecha del trigo se distinguen con claridad estructuras y murallas que nadie ha excavado.
La historia oficial mantiene que Tartessos fue poco más que un territorio colonizado por fenicios. Los datos que van saliendo, pieza a pieza, dicen lo contrario. Si Mesas de Asta esconde la capital que citó Herodoto, sigue bajo tierra, esperando una excavación que no llega. ¿Cuánto tiempo más?