El BBVA avisa: los tapayoguristas no heredarán los zulitos
El banco publica un informe que anticipa un vuelco en el mercado de la vivienda: los pisos que hoy acumulan los mayores acabarán en manos de fondos de inversión, no de los hijos. La reacción no se ha hecho esperar. Entre el cabreo y la resignación, la conversación derivó hacia una pregunta incómoda: ¿y si el problema no es heredar tarde, sino no heredar nunca?
El punto de partida es una paradoja que el propio banco pone negro sobre blanco. Los nacidos entre 1946 y 1964 son, según se repite en el análisis, los mayores acaparadores de ladrillo de la historia reciente. Sus hijos, en cambio, llegan a los cuarenta sin nada a su nombre. El informe del BBVA sostiene que ese stock acabará en el mercado, pero no precisamente vía herencia familiar.
Qué dice el informe del BBVA sobre la vivienda
El documento apunta a un escenario con dos patas. Primera: una parte de los propietarios mayores necesitará liquidez para complementar pensiones que consideran insuficientes. Segunda: el alquiler turístico, en retroceso por la regulación, y el aumento de la oferta de vivienda vacía empujarán miles de inmuebles al mercado. Resultado: los precios de alquiler podrían caer, según el banco, hasta la mitad.
La letra pequeña es la que escuece. Ese parque de viviendas no lo comprarán los hijos de los actuales dueños. Lo comprarán fondos. Y los fondos, señala el análisis, no tienen por qué alquilar más barato que el particular que hoy gestiona dos pisos. La competencia entre grandes tenedores no garantiza precisamente un alquiler social.
El impuesto de sucesiones vuelve al centro del tablero
Si hay un tema que atraviesa toda la discusión es el impuesto de sucesiones. La ministra de Hacienda, María Jesús Montero, ha planteado restaurar el impuesto a escala nacional, según recoge la prensa económica. La propuesta no es nueva: lleva años rondando como respuesta a lo que desde el Gobierno se llama «dumping fiscal» de las comunidades del PP, Madrid en cabeza, que lo tienen prácticamente bonificado.
El argumento oficial es la armonización. El argumento oficioso, según quienes siguen el asunto de cerca, es que las herencias son un mecanismo de perpetuación de desigualdad y que hay que gravarlas antes de que el ladrillo cambie de manos. La consecuencia práctica, si sale adelante, es que heredar un piso puede costar más de lo que vale. Y ahí entra el beneficio de inventario: la vía por la que el Estado se queda con el inmueble si el heredero no puede pagar la cuota.
El ahorro de los mayores y el cálculo que no cuadra
El informe del BBVA también pone cifras sobre la mesa. La pensión media en España se sitúa en 1.441,8 euros mensuales, según los datos que maneja el banco. Con la vivienda pagada y sin hipoteca, ese dinero da para vivir. Pero el banco sostiene que muchos jubilados necesitarán un complemento de unos 300 euros al mes para mantener su nivel de vida. Ese complemento, en muchos casos, saldrá de vender el piso.
La conclusión del banco es que el mercado se va a llenar de viviendas en venta y alquiler. La conclusión de los herederos potenciales es otra: si el piso se vende para pagar la residencia, la dependencia o el complemento de pensión, no hay herencia que valga. Y si además hay que pagar el impuesto de sucesiones, el negocio puede salir directamente en pérdidas.
La generación que no hereda nada
El diagnóstico que más se repite es que la generación nacida a partir de los setenta se quedará sin el patrimonio de sus padres. No por falta de voluntad de estos, sino por una combinación de factores: pensiones que no llegan, dependencia costosa, impuestos que suben y un mercado laboral que no ha permitido acumular nada por cuenta propia.
Hay quien sostiene que el problema no es solo económico, sino cultural. Una parte de los mayores ha decidido gastar su dinero en vida, en viajes y en ocio, en lugar de guardarlo para los hijos. Otra parte lo ha ido transfiriendo en vida vía donaciones, aprovechando las bonificaciones autonómicas, antes de que cambie la ley. Y una tercera parte, simplemente, no tiene nada que dejar.
El escenario que nadie quiere mirar
El resultado de todo esto es un panorama con tres actores. Los mayores, que necesitan liquidez y no quieren renunciar a su nivel de vida. Los fondos de inversión, que compran barato y alquilan caro. Y los hijos, que llegan a la edad de heredar sin haber podido comprar nada y sin perspectivas de recibir nada.
El banco no entra en ese terreno. Se limita a constatar que el mercado va a cambiar y que los precios de alquiler podrían bajar. Lo que no dice es quién va a pagar la factura de ese cambio. Y ahí es donde el análisis se atasca: con un parque de vivienda que cambia de manos, una fiscalidad que aprieta y una generación que se queda mirando cómo el ladrillo de sus padres se convierte en el negocio de otro.