El referéndum suizo que iba a acabar con la mili solo para hombres: un 84% dice no
En Suiza, el fusil de ordenanza duerme en casa, no en un arsenal. La estampa del padre con su hija camino del polígono de tiro, el SIG al hombro, es normal. Ese país acaba de votar: la iniciativa para imponer un servicio cívico obligatorio a toda la población, mujeres incluidas, ha sido rechazada por un 84% de los votos. El mismo día, un impuesto de sucesiones para grandes herencias también se estrelló contra las urnas, con un 79% de noes. Las encuestas ya anticipaban el descalabro de la propuesta, con un 60% previo de rechazo. Al final, hasta los pronósticos se quedaron cortos.
Un modelo militar con la mili en casa
Suiza mantiene un sistema de reclutamiento solo para hombres, con servicio voluntario para las mujeres. La iniciativa quería cambiar el actual modelo y abrirlo a una prestación cívica en ámbitos como la protección del medioambiente, la sanidad o los servicios sociales, mientras la mili pasaba a ser voluntaria. El texto, además, dejaba la puerta abierta a extender la obligación a personas extranjeras residentes, un detalle que encendió todas las alarmas.
El país alpino, con una milicia ciudadana que guarda en casa el fusil reglamentario, suma una fuerza activa que algunos analistas cifran en 2,5 millones de efectivos. En las conversaciones previas a la votación, ese modelo militar de proximidad se convertía en el principal argumento de los contrarios a la reforma: si el fusil ya está en el armario, ¿para qué ponerlo a trabajar en una oficina de servicios sociales?
La trampa de la igualdad: el género como vía de escape
El debate tuvo su flanco más afilado en la brecha legal. En Suiza, la autodeterminación de género permite cambiar de sexo administrativamente a partir de los 16 años. Y el servicio militar obligatorio sigue siendo cosa de hombres. De ahí la paradoja que recorrió la campaña: una iniciativa diseñada para igualar obligaciones podía vaciarse con un simple trámite, ya que una mujer recién registrada como tal quedaría exenta del reclutamiento. El análisis del periodo electoral insistió en que el texto no cerraba ese resquicio, lo que le costó apoyos entre quienes pedían igualdad real y no solo formal.
Por otro lado, quienes se oponían a la reforma la describieron como un torpedo contra el ejército, una maniobra para sustituir la defensa nacional por chiringuitos administrativos. Los partidarios de la igualdad militar, en cambio, denunciaban que las mujeres reivindican los mismos derechos pero esquivan las mismas obligaciones. El argumento de la reproducción también apareció: en un país con baja natalidad, mandar a mujeres en edad fértil al frente es visto como un suicidio demográfico.
El mismo día, los impuestos también dijeron no
El referéndum, celebrado en plena jornada electoral, incluía una segunda pregunta: un impuesto de sucesiones que pretendía gravar las grandes herencias. El 79% de rechazo confirma la misma lógica que hundió el servicio cívico: los suizos no están dispuestos a que desde el centro se les hable de solidaridad. El país votó por preservar el modelo actual, con su milicia en casa y su fiscalidad a medida.
Y aquí viene el dato que descoloca: la iniciativa, que las encuestas situaban como claramente perdedora, no murió por el voto masculino. Las mujeres suizas, a las que la propuesta parecía dirigirse, dijeron no en proporción significativa. Incluso en entornos donde la medida había generado expectación, no fueron pocos los que terminaron reconociendo que sus hijas votaron contra. La igualdad de obligaciones, al final, se estrella contra algo más prosaico que la ideología: la libreta de cargas y beneficios.