cortesana
GRECIA - ROMA - CASTILLA
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Hay quien lleva veinte años sin votar y ahora votará para intentar hundir al PSOE y a sus socios de gobierno, sin dejar de creer que votar no arregla nada. Lo hace por cálculo: restar dinero al partido y forzar su disolución.
Hay una decisión que se toma con la nariz tapada y el bolígrafo en la mano. Quien lleva dos décadas sin votar lo tiene claro: no cree que las urnas arreglen nada, pero va a votar igual. El objetivo no es construir, es restar. Quiere que el PSOE y sus socios de gobierno se queden sin dinero, que el partido se disuelva por falta de financiación y que su líder no vuelva a presentarse.
La desconfianza no es solo política. También es logística. Este votante sostiene que los partidos conocen de antemano quién no vota porque recogen el censo tachado al terminar cada votación. Ese recuento de abstenciones les sirve para saber a quién no molestar y a quién movilizar. Con ese historial, no se fía de que Correos gestione su voto por correo sin que alguien lo desvíe o lo anule.
No hay prueba de que eso ocurra, pero el temor es real y explica por qué mucha gente que se queda en casa tampoco se fía del voto postal. La abstención no siempre es indiferencia: a veces es desconfianza en el sistema.
La idea de fondo es económica. Los partidos reciben dinero público en función de los escaños y los votos. Si un votante habitual de izquierdas deja de votar al PSOE y vota a otro partido, el PSOE pierde escaños, pierde financiación y pierde capacidad de pagar deudas. Ese es el cálculo. No se trata de que gane el PP, porque a ese partido tampoco lo votaría: votaría directamente al PSOE antes que al PP, dice.
El voto no es un respaldo, es una resta. Y si el partido se queda sin dinero, se disuelve. Esa es la apuesta.
El mensaje también contiene una amenaza explícita: «aquí hace falta una puta guerraza y un buen exterminio». Es una opinión hostil que no está respaldada por ningún dato y que el artículo no comparte. La vía violenta no es una opción política: es un delito. Y la abstención, en todo caso, es lo contrario de una guerra.
Si el asunto le afecta en dinero o en derechos, consulte a un profesional.
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