Dos fotos bastan para que el «muro mujeril» acabe en insultos
Hay debates que nacen con una intención y mueren en la cuneta. El del «muro mujeril» es uno de ellos: dos imágenes que supuestamente representan un fenómeno social que nadie concreta, y una discusión que derivó en la descalificación física de la retratada. El resultado es un espectáculo de baja estofa que dice más de los comentaristas que del asunto.
Las comparaciones con Mickey Rourke yendo a comprar pan, las alusiones a una supuesta vida disoluta y los calificativos soeces salpican una conversación que arrancó con un arranque soez. Nada de análisis del contenido simbólico de las fotos. Nada de contexto. Solo el furor de la manada digital.
Del muro a la trinchera
El término «muro mujeril» podría aludir a una barrera, una manifestación o una obra artística; la discusión no lo aclara. Solo deja claro que la aparición de dos retratos bastó para que la conversación se convirtiera en una terapia de grupo contra la persona fotografiada. Hay quien, en la minoría, intenta señalar que el comparado con Mickey Rourke sale ganando del intercambio, pero el nivel no levanta cabeza.
Si estas dos fotos eran la prueba de un muro, la discusión ha demostrado que el muro real está en la incapacidad de debatir sin caer en el insulto. ¿Y si el verdadero «muro mujeril» fueran las propias mujeres que se niegan a participar en este tipo de saraos? La pregunta queda en el aire.