De cinco hijos al parchís a las seis de la mañana
¿Por qué se tienen menos hijos que en generaciones anteriores? La respuesta empieza en una escena doméstica: un padre, en día festivo, a las
seis de la mañana jugando al parchís con su hija porque, según ella,
dormir es aburrido y una pérdida de tiempo. Aquel mensaje pedía relatos «antireproductivos» y se llenó de ellos. Pero detrás del humor asoma una pregunta económica: criar hoy cuesta más, conciliar es más difícil y el hijo ha dejado de ser mano de obra futura para convertirse en una carga contable presente.
Qué ha cambiado desde la casa con cinco hijos
La primera reflexión es histórica y la plantea quien abrió el hilo: cuando su
familia tenía
cinco hijos, la escena del parchís a las seis no ocurría. No porque los niños durmieran mejor, sino porque el reparto era otro: se dormía con la abuela, los mayores cuidaban del que iba justo detrás y las casas estaban vacías de objetos que romper. Hay quien añade una razón más dura: por enfermedad y por una crianza precaria,
muchos de aquellos niños no llegaban a adultos. La infancia no era un proyecto de desarrollo personal, era una fase que se atravesaba como se podía.
El coste de criar hijos pesa más que el reloj biológico
Otra corriente, defendida por una de las participantes, sostiene que la caída responde a algo más simple: el progreso. Cuando los hijos dejan de ser un recurso económico —manos para el campo, seguro para la vejez— y pasan a ser una
carga económica, con conciliación difícil y precios al alza, la gente simplemente quiere menos. No hay decadencia moral ni conspiración: hay una hoja de cálculo que sale en contra. Y eso, a su juicio, no se corrige con discursos.
¿Solo baja la natalidad en Europa?
El planteamiento original preguntaba si estas escenas ocurren solo con hijos europeos. La respuesta que se dio fue que no: se citan
Colombia, Brasil y México como países donde la fecundidad también se ha derrumbado. El matiz que aparece después es de ritmo, no de dirección: según uno de los participantes, una nación con una tasa reciente de
1,9 hijos por mujer frente a otras que llevan décadas por debajo del nivel de reemplazo y pierden población cada año. La tendencia, se argumenta en el hilo, acabará llegando también a África.
Dos canales de dibujos frente a las plataformas de pago
También se describe al niño de sueño corto que se quedaba en su habitación jugando o viendo la tele
sin molestar a sus padres, sin considerarse por ello más listo que los demás. Lo que cambió no es el crío, es la oferta: antes había dos canales de dibujos y ahora el resto está en plataformas de pago, con horarios restringidos por los adultos. De ahí salen dos tipos de infancia, la que ve de todo sin control y la que no ve nada hasta muy tarde.
De propina, la escena social: quien empuja un carrito de bebé y presencia cómo alguien le explica que no tiene hijos y se marcha con su perro en brazos. Un participante resume esa escena con un apodo burlón hacia quien trata al perro como a un hijo.
Con estos mimbres, la pregunta del parchís no admite una respuesta demográfica limpia. Queda el argumento que sostiene una de las participantes: el hijo que ayer era seguro de vejez hoy es una carga económica. Y eso, más que cualquier horario, decide cuántos se tienen.