Votar por correo no exime de ser presidente o vocal de mesa
Solicitar el voto por correo para esquivar la mesa electoral no funciona. La Ley Orgánica 5/1985, de 19 de junio, del Régimen Electoral General es explícita en sus artículos 72 y 73: pedir la documentación para votar a distancia solo impide ejercer el sufragio presencialmente el día de la cita con las urnas, pero no borra al elector del sorteo que celebran los plenos de los ayuntamientos entre todas las personas censadas menores de 70 años que sepan leer y escribir. Quien crea que el sobre certificado es un salvoconducto se llevará la sorpresa el domingo.
La confusión es razonable. Votar por correo se asocia a estar fuera, y estar fuera es una de las causas que la Junta Electoral puede aceptar para librar del trámite. Pero la norma no lo presume. Hay que presentar la solicitud de exención con la documentación que acredite la ausencia y, aun así, la respuesta puede ser negativa. El voto por correo, por sí solo, no abre esa puerta.
Qué dice la ley sobre el voto por correo y la mesa electoral
El procedimiento es más engorroso de lo que parece. Solicitar el voto por correo exige acudir personalmente a una oficina de Correos, recibir después la documentación en el domicilio y entregar el sobre en mano con el DNI. Dos visitas, mínimo. Y todo para seguir en la lista de candidatos a presidir o vocalizar una mesa.
Hay quien sostiene que el sistema tiene una trampa adicional: los suplentes serían llamados con anterioridad cuando el titular ha pedido el voto por correo. La experiencia acumulada apunta a que el plan tiene fugas. En las primeras elecciones que ganó Aznar, un votante por correo acabó de presidente de mesa en su pueblo y, además, no pudo votar en la mesa porque ya lo había hecho a distancia.
Las cifras de la jornada electoral: dietas, multas y horas
La compensación económica no es un premio. Las dietas por presidir o formar parte de una mesa se mueven en un rango que va de las 3.000 pesetas a los 50 euros, según el tramo. La jornada se estira más de doce horas, entre la constitución de la mesa y el escrutinio. No es un fin de semana, es un día entero perdido.
El castigo por no presentarse es más serio. La multa por ausencia injustificada ronda las 30.000 pesetas. Para que se active, tienen que fallar antes los suplentes y el resto de la cadena. La probabilidad existe, aunque no sea alta.
Estrategias para esquivar la mesa: de la baja médica al certificado del jefe
El repertorio de argucias es amplio. Desde no abrir la puerta al cartero ni responder al telefonillo —la notificación certificada deja rastro, pero la policía local también puede personarse con la carta en mano— hasta pedir al jefe un papel que certifique un curso de formación fuera de la ciudad ese fin de semana. Mano de santo, según quienes lo han probado.
Otra vía es la alegación formal ante la Junta Electoral. Si se deniega, quedan dos opciones: no presentarse y confiar en que los suplentes cubran el hueco, o presentarse y esperar que alguien quiera quedarse. La primera puede acarrear consecuencias si la mesa se suspende.
El perfil del elegido: jóvenes, nuevos y recién empadronados
El sorteo no es tan aleatorio como parece. La percepción extendida es que recae con más frecuencia sobre los recién llegados al censo, los jóvenes y quienes acaban de cambiar de residencia. Un caso ilustra el patrón: madre e hijo designados presidente y vocal en un municipio de 20.000 habitantes al que se habían mudado seis meses antes.
La explicación que circula es que se busca que los nuevos se aficionen a votar. No hay confirmación oficial de ese criterio, pero los casos se repiten.
La notificación que nunca llega y el censo que lo sabe todo
El censo electoral incluye un campo con el nivel de estudios, codificado del 0 al 4, desde analfabeto hasta universitario. Ese dato alimenta la tentación de declararse analfabeto para esquivar la mesa. La comprobación, en la práctica, no está clara.
La notificación es otro frente. Si la carta certificada no se recoge, se entiende por notificado según la Ley 30/1992. El aviso en el buzón basta. Y si el cartero no deja resguardo, como ocurre en algunos municipios donde la policía local entrega en mano, el margen se estrecha.
Con estos mimbres, el voto por correo como escudo anti-mesa es un mito más de la jornada electoral. La ley no lo contempla, la experiencia lo desmiente y el sorteo sigue su curso. La próxima vez que alguien presuma de haber esquivado la mesa por esta vía, conviene preguntarle si de verdad se libró o solo tuvo suerte.