santiago4774
Pompero
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- 18 Oct 2026
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Me parece inhumano e indignante que, en pleno siglo XXI, jóvenes, profesores y trabajadores tengan que salir a las calles para reclamar que se respeten sus derechos y exigir mejores condiciones, y que su protesta termine marcada por enfrentamientos y denuncias de violencia policial.
La respuesta del Gobierno de Emmanuel Macron ante las movilizaciones merece un cuestionamiento serio. Cuando los ciudadanos salen a manifestarse para defender su educación, sus condiciones de vida y sus derechos, la prioridad debería ser escuchar sus reivindicaciones, no permitir que la actuación policial se convierta en otro motivo de sufrimiento. Ningún uniforme ni ninguna autoridad deberían estar por encima de los derechos humanos.
Me indigna pensar que jóvenes que representan el futuro de una sociedad y profesores que contribuyen a construirlo puedan sentirse desprotegidos cuando salen a reclamar unas condiciones dignas. La libertad de manifestación no debería convertirse en una experiencia de miedo, y cualquier denuncia de uso excesivo de la fuerza debe investigarse con transparencia y exigir responsabilidades cuando corresponda.
También creo que un Gobierno debe asumir las consecuencias políticas de sus decisiones. Cuando una parte de la ciudadanía considera que sus derechos y reivindicaciones no están siendo escuchados, Macron y su Gobierno tienen la responsabilidad de dar explicaciones y responder ante la sociedad. La dimisión puede plantearse como una exigencia política ciudadana, pero la cuestión de fondo es que el poder debe rendir cuentas.
Y a quienes llaman a los jóvenes la «generación de cristal», les diría que tener sensibilidad ante la injusticia no es ser débil. Somos una generación que observa, cuestiona y alza la voz cuando considera que algo no está bien. No queremos normalizar la violencia, la indiferencia ni el abuso de autoridad. Queremos que los derechos se respeten, que la educación cuente con condiciones dignas y que nadie tenga que soportar agresiones por reclamar aquello que considera justo.
La generación de cristal alza su voz por los jóvenes, por los profesores y por todas las personas que exigen ser escuchadas. Porque defender nuestros derechos no debería convertirnos en enemigos de quienes gobiernan, y ninguna democracia puede fortalecerse ignorando el sufrimiento de sus ciudadanos. ✊
La respuesta del Gobierno de Emmanuel Macron ante las movilizaciones merece un cuestionamiento serio. Cuando los ciudadanos salen a manifestarse para defender su educación, sus condiciones de vida y sus derechos, la prioridad debería ser escuchar sus reivindicaciones, no permitir que la actuación policial se convierta en otro motivo de sufrimiento. Ningún uniforme ni ninguna autoridad deberían estar por encima de los derechos humanos.
Me indigna pensar que jóvenes que representan el futuro de una sociedad y profesores que contribuyen a construirlo puedan sentirse desprotegidos cuando salen a reclamar unas condiciones dignas. La libertad de manifestación no debería convertirse en una experiencia de miedo, y cualquier denuncia de uso excesivo de la fuerza debe investigarse con transparencia y exigir responsabilidades cuando corresponda.
También creo que un Gobierno debe asumir las consecuencias políticas de sus decisiones. Cuando una parte de la ciudadanía considera que sus derechos y reivindicaciones no están siendo escuchados, Macron y su Gobierno tienen la responsabilidad de dar explicaciones y responder ante la sociedad. La dimisión puede plantearse como una exigencia política ciudadana, pero la cuestión de fondo es que el poder debe rendir cuentas.
Y a quienes llaman a los jóvenes la «generación de cristal», les diría que tener sensibilidad ante la injusticia no es ser débil. Somos una generación que observa, cuestiona y alza la voz cuando considera que algo no está bien. No queremos normalizar la violencia, la indiferencia ni el abuso de autoridad. Queremos que los derechos se respeten, que la educación cuente con condiciones dignas y que nadie tenga que soportar agresiones por reclamar aquello que considera justo.
La generación de cristal alza su voz por los jóvenes, por los profesores y por todas las personas que exigen ser escuchadas. Porque defender nuestros derechos no debería convertirnos en enemigos de quienes gobiernan, y ninguna democracia puede fortalecerse ignorando el sufrimiento de sus ciudadanos. ✊
