Solana pide un alto el fuego en Ucrania: «Hay que iniciar seriamente una negociación»
Un alto el fuego y una negociación seria. Eso es lo que pide el exjefe de la diplomacia europea Javier Solana en un mensaje que ha caído como una piedra en el debate sobre Ucrania. La propuesta no es nueva, pero llega en un momento en el que el mapa se mueve:
según un participante del debate, Rusia controla Jersón, Melitopol, Mariúpol y Donetsk. Quienes defienden la salida negociada sostienen que
Europa es la que está pagando la factura energética y alimentaria de una guerra que no puede ganar en el campo de batalla. Del otro lado, la respuesta es contundente:
ya se intentó negociar antes de la invasión y no sirvió de nada.
Qué propone exactamente Javier Solana
El mensaje es breve y directo: «Hay que conseguir un alto el fuego e iniciar seriamente una negociación». Solana, que fue secretario general de la OTAN y alto representante de la UE, no entra en condiciones ni plazos. Solo marca la dirección. En el contexto de la guerra en Ucrania, ese gesto se interpreta como un reconocimiento implícito de que el conflicto no se va a resolver por la vía militar a corto plazo.
La reacción no se ha hecho esperar. Hay quien recuerda que
Solana fue el hombre que pilotó la expansión de la OTAN hacia el este, lo que convierte su llamada a la negociación en algo más que una simple opinión. Otros lo ven como una jugada de despiste. La figura de Solana, con su historial en los Balcanes, genera desconfianza en una parte del arco político español.
Por qué se discute si Rusia va ganando
El título del debate original es explícito: «Signos evidentes de que Rusia va ganando». Y los signos que se citan son, sobre todo, territoriales.
Según un participante, Rusia ha cepillado enormes territorios en el sur y el este de Ucrania, incluidas ciudades clave como Jersón, Melitopol, Mariúpol y Donetsk. A eso se suma la destrucción de infraestructuras, un éxodo masivo de población y la práctica desaparición de la fuerza aérea y naval ucraniana.
El problema para los rusos, replican desde la otra orilla, es que
avanzan poco y las bajas se acumulan. La ofensiva del Donbás, mucho más limitada que la operación inicial, avanza a paso de tortuga. Un participante lo compara con el avance de un elefante macho que hace temblar la sabana; otro responde que Ucrania va a ser «la tumba de Rusia». La discrepancia no es menor: se discute si el control territorial equivale a victoria o si es solo una forma lenta de perder.
El invierno como arma y la factura europea
Uno de los argumentos que más recorrido tiene en el debate es el energético.
Sin petróleo, gas ni materias primas, Europa se enfrenta a un invierno con hambre y frío, mientras Rusia está preparada para avanzar a paso de tortuga. Los Stinger, los Javelin y el diésel se agotarán, dice el análisis más repetido. No es una predicción aislada: la idea de que el tiempo juega a favor de Moscú aparece una y otra vez.
Frente a eso, la tesis contraria es que
Rusia ha perdido ya demasiados hombres y demasiado material para dejar las cosas como estaban. Putin querría cerrar el asunto para mucho tiempo, pero no puede permitirse una derrota visible. Y ahí entra la pregunta que nadie responde del todo: ¿qué le conviene a España? Un participante lo formula sin rodeos: para eso pagamos a los políticos.
La sombra de Estados Unidos y el papel de China
La discusión deriva hacia el equilibrio global.
Estados Unidos es el mayor productor de petróleo y mantiene una ventaja tecnológica difícil de igualar, recuerda un análisis. La URSS ya intentó disputarle el dominio mundial y perdió. China, por su idiosincrasia, parece más inclinada a un acuerdo de interés mutuo que a una confrontación abierta. Otros ven incompatible a China y Estados Unidos y auguran una guerra entre ambos.
El papel de la OTAN también se cuestiona.
La palabra dada por Estados Unidos para no expandir la alianza hacia el este se compara con una cagada de gato, en una expresión que resume el escepticismo sobre cualquier compromiso occidental. La desconfianza mutua es el combustible de todo el debate.
El precedente que nadie quiere repetir
La objeción más sólida a la propuesta de Solana es histórica:
la negociación se intentó durante meses antes de la guerra y se ofreció cuando no habían pasado dos días desde el inicio. Se insistió durante semanas. Ahora, dice esta corriente, ya no interesa negociar nada hasta conseguir determinados objetivos en el campo de batalla. Quienes sostienen esto añaden que
la cuerda se tensó tanto que Europa ha sido arrastrada a la ruina mientras otros tenían las espaldas cubiertas.
El propio Solana es una figura controvertida. Se le recuerda como el «carnicero de Belgrado» por su papel en los bombardeos de la OTAN sobre Yugoslavia. Que sea él quien pida ahora un alto el fuego genera suspicacias: algunos lo leen como una jugada de despiste más que como una apuesta sincera por la paz.
Con estos mimbres, lo más probable es que el alto el fuego siga siendo una idea sin fecha. Rusia no parece dispuesta a renunciar a lo conquistado y Ucrania no puede permitirse congelar el conflicto sin garantías. Mientras tanto, el invierno avanza y la factura energética europea se acumula. Si algo ha cambiado en este tiempo no es el mapa, sino la certeza de que nadie va a ganar esto rápido.