El precio de la vivienda sube mientras la construcción se atasca
¿Cuánto tiene que subir el precio de un piso para que alguien se decida a construir más? La respuesta que circula estos días en los foros económicos es incómoda: da igual. En España se levantan como mucho
100.000 viviendas al año mientras se discute si entran un millón de personas o no. La presión de demanda no encuentra oferta que la compense, y el precio hace lo que sabe hacer.
Por qué el promotor no construye
Antes de poner un ladrillo hay que comprar
suelo edificable sobrevalorado, pagar tasas, pelearse con urbanismo, medio ambiente y una veintena de ventanillas, cumplir normativa local, autonómica, estatal y europea, y financiarlo todo con un banco que mira al BCE antes de firmar. Cada retraso se come el margen. La salida fácil del debate —«el problema son los promotores que no quieren construir»— se cae sola: nadie deja de ganar dinero por gusto.
Falta lo más básico: quien ponga los ladrillos. En construcción no hay gente, o no la hay a los salarios que se ofrecen, resumido en un mensaje con la idea de
cobrar en cromos del Coyote. Sin mano de obra, cualquier plan de vivienda se queda en el Power Point.
Cuánta vivienda y cuánta gente llega
Las cifras que se cruzan son de mareo:
10 m² por persona, pisos de 100 m² con diez inquilinos, casos citados de trece personas en un mismo piso, promociones nuevas en barrios de Bilbao desde
430.000 euros. Y el recuerdo de 2012: lo que hoy se vende en días por 250.000 no encontraba comprador por 125.000.
Hay quien sostiene que construir a mansalva no abarató nada hace veinte años y que toca reducir la demanda, no ampliar la oferta; que Madrid o Valencia no pueden convertirse en Hong Kong. Enfrente pesa el dato tozudo: cada año entran más personas de las que caben en los pisos que se terminan.
Con estos mimbres, la vivienda se arreglará sola.
Como las demás veces.