Hiperinflación de expectativas: el rechazo en una primera cita
¿Cuánto vale alguien en el mercado de pareja cuando el físico, la edad y el llamado «carisma sexual» cotizan como activos? Un rechazo en una primera cita —él, de complexión musculada; ella, que dice preferir perfiles más jóvenes— ha reabierto una discusión antigua con vocabulario nuevo: la
hiperinflación de expectativas. La escena, comentada con
sorna en redes, resume un problema de precios: dos partes que no acuerdan el valor de lo que ponen sobre la mesa.
¿Qué significa hiperinflación de expectativas en las citas?
El término se toma prestado de la economía: demasiado dinero persiguiendo pocos bienes, con precios que se desanclan. Trasladado al mercado de pareja, describiría demandas que suben más rápido que la oferta real. El episodio lo ilustra sin gráficos: un candidato que aprueba varios filtros objetivos —forma física, disponibilidad— es descartado por un criterio que no se negocia, el atractivo percibido.
Lo de siempre, con etiqueta nueva.
La lectura más repetida en el tramo económico de la conversación sostiene que
a partir de los 35 años la capacidad de elección se estrecha. Responde el argumento contrario: se citan mujeres que, dadas de alta en aplicaciones con
50 años, siguen recibiendo más mensajes de los que pueden atender. Y asoma el dato que nadie discute: la diferencia de edad mencionada en el episodio roza los
15 años.
Si el mercado se autorregula solo, alguien tendrá que explicar por qué las dos partes salen de la cita convencidas de haber perdido. La
mano invisible, esta vez, tampoco descolgó el teléfono.