La ofensiva ucraniana que se anuncia pero nunca arranca
La contraofensiva ucraniana se ha anunciado tantas veces que ya tiene nombre propio:
LLA. Es la forma irónica de escribir «ya», la palabra que llevaría meses sirviendo para fechar el ataque. En el hilo se da por hecho que hay tropas concentrándose y vehículos entrando, y se asegura que parte de la artillería antiaérea ha cambiado de sitio. Lo que se discute es la fecha. Y a fuerza de discutirla, el pronóstico ha dejado de ser un pronóstico para convertirse en un calendario que se renueva cada semana.
El chiste funciona por acumulación. Se coge cualquier titular que prometa un asalto inminente, se le pega el
LLA y se espera sentado. Hay quien lo resume con la lógica de Gila —«¿es el enemigo? ¿a qué hora va a ser el ataque?»— y hay quien pide directamente que la ofensiva arranque en lunes, «como manda Dios». Detrás del cachondeo hay una pregunta incómoda: cuándo deja de ser una previsión militar y empieza a ser propaganda.
El desembarco de Normandía y el problema de anunciar una ofensiva
El paralelismo histórico más repetido es el de 1944. Antes del desembarco, los aliados hicieron creer a los alemanes que el ataque sería en Calais: tanques hinchables, paracaidistas falsos y una red de espías dobles alimentando la trola. Los alemanes reforzaron la playa equivocada y, cuando llegó el golpe real en Normandía, tuvieron que recomponer la defensa a toda prisa sobre una costa que ya estaba siendo atacada.
La comparación se usa para subrayar lo que ha cambiado. Aquel engaño funcionó porque se filtró con cuentagotas; ahora, se argumenta, cualquier movimiento se anuncia en voz alta. La contraoferta es que en la era de los satélites esconder una ofensiva resulta imposible y que lo útil no es ocultar el ataque, sino esconder
dónde. Se concentran tropas en varios puntos, se lanzan tanteos y se deja que el adversario adivine cuál es el bueno.
Y aquí entra la meteorología, que en Normandía estuvo a punto de decidirlo todo. Según se recuerda en el hilo, Eisenhower pasó la noche previa sin dormir, fumando y pidiendo informes, porque los pronósticos daban temporal. Acertó por poco: dos o tres días después del desembarco, una tormenta en el Canal arrasó buena parte de los puertos flotantes y obligó a la flota a meterse mar adentro. Nadie quiere repetir esa ruleta.
¿Sirve un Leopard 1 en el frente actual?
El segundo frente de discusión es el material. Los Leopard 1 comprometidos montan un cañón de
105 milímetros y nacieron en los años sesenta, con una doctrina que primaba la movilidad sobre el blindaje porque se daba por hecho que añadir chapa era inútil ante las armas anticarro de la época.
De ahí salen dos lecturas opuestas. Una sostiene que el vehículo está obsoleto para esta guerra y que solo sería letal disparando por la espalda y a muy corta distancia. Enfrente se responde que ninguna coraza es indestructible y que la cuestión no es el duelo entre tanques, sino cómo se emplean. En medio asoma el T-72 B3 como referencia de lo que hay al otro lado, con versiones de élite aún por encima. La falta de instrucción militar de quien opina, dicen algunos, se nota demasiado.
Zaporiyia, el Dniéper y la central nuclear
Geográficamente, la atención se concentra en el sur: tropas acumulándose por dos flancos con Zaporiyia como objetivo y un Dniéper que obliga a montar pontones si se quiere cruzar en serio. Hay quien anticipa que el asalto principal llegará al oeste del primer desembarco de tanteo en la orilla oriental. Y hay quien recuerda que cualquier calendario se lo llevará por delante la lluvia.
En medio está la central nuclear de Zaporiyia, situada en la orilla controlada por Rusia. Sobre ella circula de todo, incluida la afirmación, sin pruebas, de que su peligrosidad se ha utilizado como arma informativa. Quién controla el mapa de esa zona, y quién se beneficiaría de quedársela, es una pregunta que nadie responde con datos.
Pilotos de F-16 y la logística que no sale en los vídeos
El tercer cuello de botella es el humano. Un avión no vuela solo: hacen falta pilotos, mecánicos y mantenimiento, y el curso de conversión al F-16 no se completa en una semana. Si los equipos están fuera formándose, ¿quién mantiene en vuelo a los aparatos que siguen despegando? La ocurrencia de los «ucranianos cuánticos» —que estarían en dos sitios a la vez— resume la paradoja.
Nadie duda del resultado del curso, pero sí del ritmo.
Que impacientes, resumía uno.
Con los datos disponibles, lo razonable es esperar que el grueso del asalto se concentre en el sur y que la fecha la fije antes la meteorología que los vídeos. Aunque, a este paso, lo único verdaderamente predecible es que alguien volverá a escribir
LLA la semana que viene.