Alá como autor del mal: lo que dice el Corán y por qué importa
Cualquiera que haya hojeado el Corán se topa antes o después con versículos que atribuyen a Alá algo incómodo: la creación del mal. No es una herejía, es texto literal. En el versículo 91:7 se lee que Alá «modeló el alma inspirándole el libertinaje y su piedad». En 15:39 y 38:82, Satán dice: «Es porque me has inducido al error que yo les mostraré en la tierra el mal bajo apariencias engañosas». De ahí a concluir que Alá es el autor del mal hay un paso, y hay quien lo da.
La base textual de la polémica
El argumento central es teológico: si Alá monopoliza la totalidad del ser y es la única causa de todo, entonces también es la causa del mal. El islam rechaza la Trinidad, y esa negación tendría una consecuencia directa: no hay un principio de diferencia que limite la acción divina. La voluntad creada queda absorbida por la voluntad divina, y el pecado, el error y la maldad acaban siendo, en última instancia, obra divina.
De la teología a la guerra
La discusión teológica no tarda en derivar hacia la acción. Si Alá es el creador del mal, ¿qué implica eso para quienes lo adoran? Algunos responden que la confrontación es inevitable. En el otro lado, hay quien recuerda que la historia del cristianismo tampoco es precisamente pacífica, y que la doctrina de la «guerra justa» fue formulada por San Agustín de Hipona (354-430), padre de la Iglesia, para justificar la guerra bajo ciertas condiciones. El mal, según qué texto se lea, siempre encuentra un autor.
El dato que descoloca es que la noción de guerra santa no es patrimonio de una sola religión. San Agustín sentó las bases de una guerra «moralmente necesaria» hace dieciséis siglos, y el cristianismo las usó. El debate sobre el origen divino del mal sigue abierto, y quizá la pregunta no sea quién lo crea, sino quién lo usa.