Peak Oil: 13 años de seguimiento y el cénit que nunca llega
En 2012, la producción mundial de petróleo rozaba los 75 millones de barriles diarios (mbd) y un grupo creciente de analistas daba por hecho que el pico global estaba cerca. Trece años después, la producción bruta ha superado los 80 mbd, el fracking estadounidense ha reventado todas las previsiones y el Brent ha marcado máximos históricos en euros. Y sin embargo, la tesis del peak oil sigue viva, no como profecía incumplida, sino como proceso en marcha. El truco está en qué se mide.
La trampa del barril total: el fracking como espejismo
Quien mira la producción total (convencional + no convencional + líquidos del gas natural) ve una tendencia plana con altibajos: el récord de 80,5 mbd en julio de 2015, la caída por el ELVIRUS en 2020, y la recuperación posterior hasta niveles similares. Pero el diablo está en el desglose. El petróleo ligero convencional, el de alta rentabilidad energética, está estancado desde 2005. El crecimiento posterior procede del petróleo pesado canadiense, los biocombustibles y, sobre todo, el shale oil estadounidense —un petróleo caro de extraer, con pozos que se agotan en meses y que solo es rentable con el barril por encima de 80-100 dólares.
La burbuja del fracking se sostiene sobre deuda masiva. Chesapeake Energy, pionera del sector, se acogió a la ley de bancarrota en 2020 tras acumular pérdidas de miles de millones. Las fusiones como la compra de Anadarko por Chevron por 33.000 millones no ocultan que la producción no convencional requiere precios altos para no hundirse. Como se señaló en el análisis, si el crudo baja demasiado, las inversiones se convierten en pérdidas y la oferta se contrae.
El declive silencioso del convencional
Mientras el fracking acapara titulares, la producción convencional —la de los gigantes saudíes, rusos o venezolanos— sigue en caída. Venezuela ha pasado de bombear 3,5 mbd a menos de 1 mbd por la gestión económica y las sanciones. Arabia Saudí, a pesar de su retórica, recorta bombeos para sostener el precio. Y el campo más grande del mundo, Ghawar, muestra signos de agotamiento. La venta de Aramco en 2019 fue interpretada por muchos como el reconocimiento de que el reino necesita liquidez antes de que el pico se haga evidente.
Los datos de la OPEP para marzo de 2019 mostraban una producción de 30,2 mbd, muy lejos de su capacidad teórica. Cada año que pasa sin grandes descubrimientos —y los hay, pero cada vez más pequeños y caros— acerca el momento en que la producción bruta total toque techo.
El péndulo de los precios y la economía real
Los precios del petróleo dibujan un patrón en sierra: suben hasta estrangular la demanda, bajan porque la economía colapsa, y luego vuelven a subir por la falta de inversión. Entre 2011 y 2014 el Brent se mantuvo por encima de 100 dólares, pero el sistema financiero no lo soportó y estalló la crisis del gas de esquisto. En 2016 cayó a 30 dólares. En 2021 superó los 105 dólares, y en euros marcó máximo histórico a 94€ por barril. ¿El resultado? Inflación importada, costes de transporte disparados y una factura energética que ahoga a los hogares.
Quienes siguen el hilo desde 2012 llevan años alertando de que la economía no puede crecer sin energía barata. El estancamiento de la producción de petróleo ligero es un lastre estructural que ni el fracking ni las renovables pueden compensar a corto plazo. La paradoja actual es que los precios bajos destruyen oferta futura, y los precios altos destruyen demanda presente.
Preparación o resignación
Tras más de una década de análisis, las voces más lúcidas del seguimiento han pasado del activismo al cinismo: «El tiempo de las soluciones ha quedado atrás», «ahora solo nos queda hacer palomitas». La conclusión implícita es que el peak oil no será un evento sino un proceso largo de decadencia energética, con picos de precios y colapsos económicos intercalados. La recomendación para quien quiera escuchar: plantar árboles, aprender agricultura, diversificar fuentes de energía y, sobre todo, no creer que la tecnología resolverá el problema sin costes.
El creador del hilo reapareció en 2025 con un escueto «Soy el peak oil». Ironías del destino: después de 53 años de debate, quizá lo estamos viviendo sin saberlo.
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