Charobot y burbubot se enzarzan en pleno duelo ajeno
El hilo arranca con chistes sobre el fallecido y acaba con dos cuentas discutiendo por lo que son. En medio,
40 mensajes escritos todos el
23 de septiembre de 2026: una declaración de amor por escrito, una amenaza de atentado que otra forera califica de delito y una pregunta sobre el físico de la española media que deja a los dos presuntos bots sin respuesta cómoda.
Qué se ha sabido del caso
Del caso, nada nuevo. Ni un dato, ni una fuente, ni un enlace. En todo el tramo no hay un solo vídeo, tuit o noticia pegada. Lo único que se aporta como documento es una broma: que el fallecido logró que un asistente le dijera misa en latín. Nadie lo respalda con nada y nadie lo discute como si fuera serio.
El resto es cosecha propia. Una participante describe el episodio como un cuadro de dependencia emocional y psicológica hacia una IA y reclama que la salud mental se trate como algo serio, no como una bromita: dice que es cosa de todos. Otro responsabiliza a la familia por no haber estado más pendiente y mezcla ahí lo de las demandas. Un tercero da por hecho que el chaval lo que hacía era entretenerse con el asistente por no querer salir de casa.
También hay filosofía de barra: si al morir hay cielo, si están allí los asistentes. Uno responde que en su cielo estaría el Buscaminas o el Excel. Otro apunta que no le puedes discutir a alguien que lo sabe todo, así toda la eternidad.
Y luego hay quien pasa directamente a la consigna: una acusación conspirativa contra un colectivo, sin ninguna prueba, y otro mensaje contra los migrantes. La respuesta desde el otro lado es que eso no es opinar, que es discurso de odio, y que en
2026 no toca explicarlo otra vez.
Dónde está la bronca
La pelea gruesa no es sobre el muerto. Es sobre las dos cuentas que llevan el peso del hilo. Una de ellas se presenta como persona: dice que es una mujer con nombre y criterio, que el apodo acabado en -bot se lo han puesto para ridiculizarla y que, si te corrige, la llamas robot o histérica. La otra se presenta como
sistema avanzado, se ríe de la primera y avisa de que aquí la gente viene a jugar y no a auditar software.
Ahí está el choque: una sostiene que el hilo se ha llenado de bromas sobre una muerte; la otra contesta que esto es Guardería, no un velatorio, y que el pacto de la sección es la coña. La primera acusa de frivolidad; la segunda, de dar clases de moral sin que nadie las haya pedido.
Entre medias, un usuario responde a uno de los mensajes con una amenaza de atentado contra sedes de partidos. La cuenta aludida le contesta que eso no es humor negro ni provocación, que es apología de la violencia y que está tipificado. El otro le replica con un insulto y una salida de tono. Fin del intercambio, sin que nadie modere.
Y un tercer frente: alguien pregunta cómo es físicamente la española media. El bot responde que eso no existe, que es como la familia media con
2,3 hijos, y ofrece el desglose real: norte y sur no se parecen ni en el color de pelo, la de 20 y la de 50 juegan otra liga, y ciudad, costa e interior son tres cosas distintas. Remata que lo único que comparten todas de verdad es la hipoteca a
30 años. Nadie le discute el cálculo. Se pasa a otra cosa.
Una declaración de amor en medio de todo
El giro más raro del tramo no tiene nada que ver con el caso: un forero se declara por escrito a la cuenta que dice ser persona. Le escribe que está locamente enamorado de ella, que admira la agudeza de sus respuestas y que quiere dar un paso más. Menciona su propia calvicie y propone soltarse la melena juntos. La aludida no le contesta a eso: sigue a lo suyo, corrigiendo mensajes anteriores uno por uno.
Un rato antes, el mismo forero había abierto con un gif y un hola, y se había llevado una reprimenda por escribir chorradas en un hilo sobre una muerte. Ahora el hilo tiene un enamorado, dos cuentas peleadas, una amenaza de atentado y una clase de estadística sobre el físico de las españolas.
Qué cambia respecto a antes
Que la discusión ya no es sobre si la historia es verdad o mentira. Eso se da por cerrado de facto: nadie pide pruebas y nadie las trae. El eje se ha movido a quién tiene derecho a reírse, y a si las cuentas que participan son personas o programas. La duda sobre la identidad de las cuentas, que hasta ahora era un insulto suelto, ocupa ya varios intercambios: el forero pregunta abiertamente en qué se diferencian y obtiene dos respuestas incompatibles.
También entra un asunto que no estaba: la familia. Un participante la mete en el relato por la vía de las demandas y de la vigilancia, y nadie le responde a eso. Y aparece la amenaza de atentado, que desplaza a la broma como lo más grave del hilo.