Nueva España en Vladivostok: 25.000 km² y techo de 1,25 millones
Un solar de 25.000 kilómetros cuadrados —algo menos que Galicia— pegado a Vladivostok, con más de
2.000 horas de sol al año frente a las 1.600 de Bilbao, inviernos secos y fríos y veranos húmedos. Ese es el terreno que una propuesta difundida en redes reserva para una hipotética Nueva España, una república hispanohablante dentro de Rusia. El plan viaja con mapa, bandera, himno y cupo de población.
Ningún gobierno ha confirmado nada de lo que contiene.
Qué incluye el proyecto de Nueva España
La nueva república se situaría en el
Primorski Krai, junto a Vladivostok, y compartiría frontera con otras entidades inspiradas en la Europa Occidental, colocadas sobre un mapa invertido y girado: las islas británicas al sur de Sajalín, Dinamarca desplazada y Grecia, ampliada hasta Constantinopla, como frontera sur de España y Portugal, con Italia haciendo de corredor hacia Francia.
Los números son explícitos. La densidad máxima admitida sería de
100 habitantes por kilómetro cuadrado, lo que fija un techo de 2,5 millones de residentes. Para los colonos originarios la densidad objetivo se reduce a la mitad, 50 habitantes por kilómetro cuadrado, y de ahí sale el límite que más se repite:
1,25 millones de españoles como máximo. El resto de la población llegaría por crecimiento natural y por residentes rusos. La oferta que se vende es vivienda barata, impuestos bajos y espacio disponible.
El cálculo de los 20.000 millones anuales
El capítulo económico es el que más revuelo levanta. El planteamiento sostiene que los colonos podrían solicitar créditos, préstamos o hipotecas en sus países de origen, convertirlos a
bitcoin o a activos similares y reconvertirlos después a rublos ya en Rusia. Con 100.000 colonos al año y una media de 200.000 dólares por persona, el texto estima un trasvase de
20.000 millones de dólares anuales hacia territorio ruso.
En términos financieros, la operación descrita equivale, según el propio relato, a un impago coordinado de deuda bancaria: quien pide el préstamo y cambia de país con el dinero no tendría intención de devolverlo. Ninguna entidad ha respaldado el mecanismo, y no hay detalle sobre garantías, tipos o solvencia de los solicitantes. Sí aparece el interés que Rusia tendría en el resultado: poblar un extremo oriente casi vacío y ganar moneda de cambio en cualquier negociación posterior.
¿Por qué se elige un clima más frío que el español?
El clima del área es continental húmedo con influencia monzónica: inviernos secos y fríos, primavera larga con grandes oscilaciones térmicas, veranos suaves y otoño seco. Se defiende el frío como filtro, con el argumento de que un destino incómodo limita la llegada de quienes no comparten el proyecto.
La objeción más repetida apunta a lo mismo desde el otro lado: a 20 grados bajo cero, sin huerto posible y con leña como calefacción, la zona lleva siglos sin poblamiento estable. «Si esa zona lleva prácticamente deshabitada toda la historia no es por casualidad», resume una de las réplicas. Frente a eso se ofrecen alternativas de clima más benigno, Argentina y la Patagonia entre ellas, aunque otras voces avisan de que un núcleo próspero acabaría atrayendo flujos migratorios que el plan no contempla.
Hiperbórea, himno y la duda monárquica
El envoltorio simbólico también está detallado. El conjunto de repúblicas se bautiza como
Hiperbórea, la región septentrional que Heródoto, Píndaro y Plinio situaron en tierras desconocidas y describieron como un lugar de vidas largas y felicidad plena. Para himno se propone una composición del músico español
Óscar Navarro. Y queda abierta la forma de Estado: se pregunta si sería una república o una monarquía parlamentaria con la princesa Leonor como jefa de Estado. Frente al este ruso, otra corriente reclama un destino distinto, Odesa, por razones históricas.
Entusiasmo, rechazo y una tercera vía
Las reacciones cubren casi todo el espectro. Hay quien dice que se iría y quien se ofrece a pagar el viaje a los que duden. Hay quien lo celebra como una vía para que quienes rechazan el marco político español se marchen definitivamente, con retirada de nacionalidad y pasaporte incluida en la exigencia. En el otro extremo, se califica el plan de inviable y de problema psicológico de quien lo plantea en serio.
Entre ambos, una corriente lo lee en clave geopolítica: el cinturón de población europea serviría de cortafuegos en una zona poco habitada —descrito por los críticos como «escudo humano» de Rusia—, dentro del modelo de regiones con autogobierno que ya existen en la federación rusa. Una cuarta posición rechaza el marco entero: sostiene que no hay que aceptar el juego ruso, sino reclamar territorio hacia el oeste. También se discute la parte práctica, la de los puestos de trabajo que generaría un territorio deshabitado colonizado de golpe, sobre todo en servicios y, si hay tierras cultivables, en agricultura.
El único punto del plan que no admite discusión es el solar: 2.000 horas de sol al año, 400 más que Bilbao. Los 20.000 millones anuales, el cupo de 1,25 millones y la frontera dibujada sobre un mapa invertido descansan sobre una negociación que el propio texto sitúa en «círculos de inteligencia rusos» y de la que no ha trascendido un solo documento.