La K o la Ñ: qué letra sobra en el alfabeto español
¿Qué letra sobra en el alfabeto español? Planteada como un juego —elige una, bórrala y explica por qué—, la propuesta que circula estos días tiene entre sus respuestas más repetidas la K, la J, la W y la Ñ, y también esa familia de letras que solo aparecen en préstamos de otras lenguas. La mecánica esconde una trampa: basta colocar «los» delante de la letra elegida para que la broma filológica se convierta en una etiqueta con la que apuntar a un colectivo.
La K, la candidata más cargada de política
Es una de las letras más repetidas y la más cargada de política. Se le reprocha que casi todo su catálogo en castellano sean préstamos —kárate, kilo, káiser— y que su uso se haya desviado hacia terrenos donde la lengua no gana nada. El ejemplo que se cita es
okupa, una grafía asociada al activismo que, se argumenta, empobrece el idioma. También arrastra el sambenito de la ortografía vasca: hay quien la identifica con el euskera y con el independentismo, un salto que dice más de quien lo da que de la letra. «La K no tiene sentido alguno», zanja uno de los participantes.
La Ñ, la W y el whisky que no podríamos pedir
La Ñ es la otra gran candidata, aunque por razones estéticas: se la señala como
la más fea del alfabeto. La W recibe el mismo trato por la vía práctica: apenas sirve para palabras que el castellano no necesitaba.
Solo sirve para los piratas, resume un comentario que se queda sin respuesta hasta que alguien pregunta cómo pediríamos entonces un whisky. La uve, la ce y la i griega también reciben lo suyo dentro de ese grupo de letras que, según el criterio de cada cual, no aportan nada.
La J y el frente de la pronunciación
La J abre otro frente: el del sonido. Se sostiene que en Andalucía no se utiliza y que es la letra que más cuesta a quien estudia español. Hasta ahí, lingüística. El problema llega cuando la conversación se tuerce hacia generalizaciones despectivas sobre acentos, orígenes o religiones, sin más respaldo que el prejuicio. El propio juego lo propicia: la letra deja de ser un signo y pasa a ser un grupo de personas al que apuntar. Ahí se acaba el análisis y empieza otra cosa. Hay incluso quien invoca la
ortodoxia de la RAE y su diccionario en línea como único cierre posible.
Qué queda del alfabeto si se borra una letra
Nada. El alfabeto no se vota y la única autoridad que aparece en todo el hilo es la académica. La broma, eso sí, funciona como termómetro: cada elección delata a quien la firma más que al idioma. Quien borra la K discute la ortografía vasca; quien borra la J, discute quién habla bien.