¿Quién puede matar a un niño? y el pleito por el mejor cine español
¿Está
¿Quién puede matar a un niño? entre las mejores películas españolas de todos los tiempos? La pregunta cayó así, sin anestesia, en una conversación sobre terror nacional y abrió una grieta de tres bloques que no se hablan entre sí. Uno la reivindica como pieza mayor. Otro la despacha como una
mala copia de Los pájaros de Hitchcock. Y un tercero directamente pasa del cine español. La película, firmada por Chicho Ibáñez Serrador en los años setenta, acumula más de cuarenta años encima y sigue levantando ampollas.
¿Por qué se compara con Los pájaros de Hitchcock?
El paralelismo aparece en cuanto se rasca un poco. La cinta de Chicho pone a niños atacando a los habitantes de una isla donde Hitchcock había colocado cuervos y gaviotas, el mismo esquema que el director británico fijó en los sesenta. La lectura no es forzada: hay quien la considera directamente una copia de inferior calidad del original. A esa deuda se suma otra,
El pueblo de los malditos, cuya versión original es de 1960 y que John Carpenter volvería a filmar después con el actor que había dado vida a Superman.
Sobre la trama flota además una teoría que nunca se cerró: que el niño que lidera al grupo era en realidad un extraterrestre camuflado de humano, encargado de controlar mentalmente al resto. Nadie la confirma ni la desmiente. Encaja, eso sí, con el tono de una película que casi no explica nada.
La escena de la piñata y el lastre del doblaje
Si algo se salva del juicio casi unánime son las escenas de violencia con niños, calificadas de originales y distintas a lo que se rodaba entonces.
La secuencia de la piñata, según el análisis más repetido, basta por sí sola para meter la película en cualquier lista del mejor cine de terror.
Luego está el otro lado. Visto por segunda vez, sin el factor sorpresa, el conjunto pierde fuerza. Y lo penaliza algo que entonces era norma y hoy chirría: el
doblaje de los protagonistas, niños incluidos, un recurso que se usaba en el cine de la época para tapar acentos y voces ajenas.
Del 1,2,3 al terror: el doble legado de Chicho
Pocas filmografías mezclan tan alegremente el susto y la sonrisa. El mismo hombre que dirigió esta película conducía
Un, dos, tres... responda otra vez, el concurso donde se repartían
veinticinco pesetas a quien acertaba la provincia correcta. Cuesta encajar ambas cosas en la misma cabeza. Y sin embargo ahí están, en la misma biografía.
Frente al cine español: The Furious y The Children
El tono, en la parte baja de la balanza, es duro. Una parte del público confiesa que antes que ver cine español prefiere arrancarse los ojos, una exageración con la que marca distancia de género. En ese mismo tramo aparece la recomendación de
The Furious (2025), una película asiática que se cita como contrario exacto del producto nacional.
Hay también un puente más razonable: quien recuerda el impacto de la cinta de Chicho propone
The Children como ejemplo reciente de una fórmula parecida. Incomodidad, niños y comunidades pequeñas. La receta no ha cambiado tanto en cuarenta años.
Cuarenta años después, el pleito sigue abierto. Obra maestra para unos, plagio bien rodado para otros. Chicho, mientras tanto, ya había demostrado que el género daba igual: sabía asustar lo mismo con un reloj de concurso que con un grupo de niños mirando fijo.