Abascal rompe el cordón policial en Granada y acaba reculando calle abajo
El mitin de Vox en Granada terminó con Santiago Abascal y su equipo retrocediendo calle abajo después de que, según los críticos, sus escoltas rompieran el cordón policial y se enfrentaran a los manifestantes que protestaban a pocos metros. La escena, grabada desde el aire y difundida después, muestra a los ultraderechistas saltándose la fila de agentes para encarar a los concentrados. El resultado:
un escolta con una porra extensible—considerada arma ilegal según la versión más repetida—, varios heridos leves y un reguero de acusaciones cruzadas. La policía, que según los críticos no hizo nada para impedir el choque, se convirtió en el tercer protagonista de la tarde.
Qué pasó realmente en el mitin de Granada
La versión que más circula es la de los manifestantes:
los de Vox rompieron el cordón policial y agredieron con extensibles a quienes protestaban. Un vídeo aéreo, citado como prueba, mostraría a los escoltas de Abascal avanzando hacia los concentrados. Del otro lado, la lectura es que los ultraderechistas fueron a dar un mitin y se encontraron con
cuatro críos—o cien, según a quién se pregunte— que habían ido a reventarlo. La distancia entre ambos bandos, que unos cifran en dos metros y otros en treinta y tres, se convirtió en el campo de batalla dialéctico.
Lo que nadie discute es que
Abascal acabó retrocediendo calle abajo mientras sus escoltas cubrían la retirada. La imagen del líder de Vox reculando, con gesto de estar siendo empujado, circuló más rápido que cualquier comunicado. Para unos, fue una huida ridícula; para otros, la prueba de que la izquierda había ido a agredir y ellos solo se defendían.
El escolta, la porra y el arma ilegal
El detalle que más recorrido tuvo fue el del escolta que portaba una
porra extensible. La versión más repetida sostiene que se trata de un arma ilegal, prohibida para seguridad privada, y que su uso en una reyerta callejera constituye un delito. La defensa de los ultraderechistas es que los escoltas van armados por obligación y que solo se defienden.
A ver si son escoltas, tendrán que ir bien armados y pertrechados, resume uno de los mensajes que más apoyo recibió.
El problema, señalan los críticos, es que un escolta solo puede usar el arma en defensa propia, no para abrirse paso entre manifestantes. Y que la distancia la acortó Vox, no los concentrados. La pregunta que sobrevuela es por qué la policía permitió que ambos grupos estuvieran a pocos metros y por qué no intervino cuando empezaron los empujones.
La delegación del Gobierno y la Policía Nacional aparecen en casi todas las teorías, aunque con signos opuestos: unos culpan a Interior de haber enviado a los agentes a proteger a los ultras; otros, de no haber hecho su trabajo.
La izquierda, los ultras y el relato del «no pasarán»
El intercambio de acusaciones derivó pronto hacia el clásico
y tú más. Desde el lado crítico con Vox se subraya que
los manifestantes estaban detrás del cordón policial y que fueron los de Abascal quienes lo rompieron. Desde el lado afín se insiste en que los concentrados eran
guarros, perroflautas y rojos que habían ido a reventar el acto, y que la policía miraba para otro lado. La frase
no pasarán, coreada por los manifestantes, fue recibida con burlas:
no falla, es empezar con el no pasarán y pasan.
La discusión derivó hacia la simetría de la violencia. Hay quien sostiene que
la izquierda usa la violencia para conseguir lo que no puede con el diálogo y quien responde que nunca está justificada la violencia, venga de donde venga, y que quien cree tener derecho a golpear cuando algo no le gusta tiene un problema de infantilismo. En medio, la sensación de que ambos bandos buscaban la refriega y de que el mitin era una excusa.
Quién ganó y quién perdió en el relato
A falta de datos oficiales sobre heridos o detenidos, el balance se mueve en el terreno de la percepción. Para los críticos con Vox, la imagen de Abascal reculando es un regalo:
el líder que prometía mano dura acabó retrocediendo ante cuatro manifestantes. Para sus defensores, la escena demuestra que la izquierda no deja hablar y que la policía no protege a quien no piensa como el Gobierno. La única coincidencia es que
la policía quedó retratada: o por permisiva o por incompetente.
El episodio deja una pregunta abierta: ¿fue un choque espontáneo o una provocación calculada? Quienes defienden a Abascal sostienen que fue una encerrona de los radicales; quienes le critican, que el mitin era tan vacío que necesitaba una refriega para tener algo que contar.
La verdad probablemente esté en los vídeos, pero cada bando tiene el suyo.
Lo que sí parece claro es que el mitin de Granada no pasará a la historia por su discurso. Si acaso, por la imagen de un líder ultraderechista retrocediendo mientras sus escoltas sacan las porras. Y por la constatación de que, en según qué actos, la distancia entre un mitin y una reyerta callejera la decide un cordón policial que a veces está, a veces no, y a veces se rompe.