La oferta de alquiler en Madrid y Barcelona cae un 70%, según Expansión
El mercado del
alquiler se ha quedado sin casi nada que alquilar. La oferta cayó un
70% en Madrid y Barcelona, según el dato que recoge
Expansión, y esa cifra rompe cualquier lectura amable del mercado. Menos pisos disponibles, la misma gente buscando. El resto son consecuencias.
Ahora bien, decir que la oferta se hunde no explica por qué. Y ahí el diagnóstico se parte: unos culpan a las restricciones legales que recaen sobre el propietario, otros a la falta de vivienda construida durante lustros. Las dos cosas, con toda probabilidad, se retroalimentan.
¿Qué significa que la oferta de alquiler caiga un 70%?
Con siete de cada diez inmuebles fuera de circulación, el mercado se convierte en un embudo. La demanda no se ha reducido por arte de magia:
la población crece, los hogares son cada vez más pequeños y hacen falta más viviendas para alojar al mismo número de personas. Retire oferta con la demanda intacta y el precio sube. No hay más ciencia.
El fenómeno no es homogéneo. En las zonas tensionadas la retirada es más agresiva, pero el pulso se extiende a ciudades medias: precios de la capital aparecen ya en provincias tranquilas, con
pisos a mil euros donde hace poco eso era impensable.
¿Por qué el alquiler de Madrid supera el salario medio?
Porque el precio no ha mirado atrás. Según un cálculo que circula en el hilo, el alquiler medio de una vivienda de
100 m² en Madrid ronda los 1.780 euros, mientras el salario neto más habitual se queda en
1.350. Es el 131% del sueldo medio y moda. Dicho de otro modo: una familia que quisiera alquilar un piso de ese tamaño tendría que dedicar a la renta más de lo que ingresa.
El desequilibrio viene de lejos. En 2019 el español medio ya destinaba el
40% de sus ingresos al alquiler, y hay
700.000 jóvenes menos emancipados que en 2008. Hay quien sostiene que el crédito barato de otra época, con hipotecas sobre el 120% del valor y a 50 años, alimentó una burbuja que hoy deja un parque caro de pagar y poco rentable de arrendar.
¿Por qué el propietario prefiere no alquilar?
Aquí el relato se unifica. El miedo no es cobrar menos por el tope de precios, sino no poder echar a quien no paga. El temor se resume en una palabra del argot: el
inquiokupa. Mientras el dueño espera a que un juez resuelva, sigue pagando IBI, suministros y los destrozos, sin cobrar nada. Hay quien compara con Portugal, donde el desalojo se resolvería en dos meses, o con Estados Unidos, donde bastaría un día.
La consecuencia es la que se ve en la calle: propietarios que prefieren vender, dejar el piso vacío o pasarse al alquiler de temporada antes que arriesgarse a un impago que se eterniza. El cálculo completo, con los gastos de abogado y procurador incluidos, da un resultado que explica muchas decisiones.
¿Sirve limitar el precio del alquiler para bajar los alquileres?
Depende de a quién se pregunte, y las respuestas se contradicen. La corriente que señala a la
Ley de Vivienda sostiene que poner tope al precio retira oferta y empuja los precios por la puerta de atrás. La objeción es razonable: hay quien apunta que los arrendadores no mencionan el límite de precios como motivo principal, sino el impago y la lentitud judicial, y que el efecto real del tope se nota sobre todo en el trasvase hacia el alquiler turístico.
Los resultados tampoco ayudan al relato oficial. Como resume un participante, se aprobó una norma para contener los alquileres y los alquileres siguieron subiendo. Con miles de pisos en manos de grandes tenedores representando una porción pequeña del mercado, la pregunta es si el problema estaba donde se puso el foco.
El problema de fondo: no hay suficientes casas
Barcelona está rodeada de montañas; Madrid, no. Aquí el suelo existe hasta Toledo, el debate es otro. Según el cálculo de un participante,
Madrid necesitaría 100.000 viviendas y el plan público proyecta
4.000 en cinco años. Súmense la operación Campamento y los Berrocales y la cifra se queda en 34.000, un tercio de lo indispensable. Ahí no hay tope de precios que valga.
A esto se añade la presión de la demanda. Una parte del encarecimiento se atribuye a la llegada de población extranjera que se concentra en Madrid y Barcelona, empujando los precios al alza sin que la oferta crezca al mismo ritmo.
Con estos mimbres, lo más probable es que la oferta siga adelgazando y el precio aguante arriba: mientras no haya seguridad jurídica para el casero ni millones de casas nuevas, el mercado no va a girar por decreto. Ojo, la previsión tiene trampa. Basta un cambio serio en los plazos de desalojo o un giro en el crédito para que todo el escenario se mueva. Nadie firmó cuándo.