Roma Gallardo y el campo: el vídeo que enfada y engancha
Roma Gallardo ha vuelto a incendiar la conversación con un vídeo en el que defiende la vida rural como alternativa al modelo urbano. El creador asturiano, con
dos millones de suscriptores, sostiene que el campo ofrece una calidad de vida que la ciudad ya no garantiza y que la Gran Vía un sábado por la tarde es, directamente, un problema de ansiedad. La pieza se ha viralizado entre elogios y descalificaciones a partes iguales.
El problema, señalan las réplicas, es que Gallardo no predica con el ejemplo: vive de YouTube, no del huerto.
El Llados campestre, resumen algunos. Un personaje contestatario construido sobre una contradicción que él mismo admite: «es un vídeo cómico y tiene sus contradicciones como todo en la vida».
¿Es viable mudarse al campo sin un colchón económico detrás?
La respuesta que más se repite es no. Un funcionario que se instaló en la España vaciada hace 17 años lo dice sin rodeos: él pudo porque tenía un sueldo fijo esperándole. Un joven que llegue «con una mano delante y otra detrás» se topa con la realidad de la despoblación: sin trabajo, sin servicios y sin red. La casa pagada y los ingresos online son el verdadero requisito del experimento.
Hay quien añade otro matiz incómodo. El campo no exime de la administración: el IBI, Hacienda, la normativa de construcción, la ley de bienestar animal o el Seprona siguen llamando a la puerta. Incluso la expropiación forzosa por un plan urbanístico puede alcanzar a un prado a tiro de piedra de Gijón.
La libertad rural tiene letra pequeña.
El coste real de la casa en el pueblo
La idealización choca con los precios. Por una vivienda como la del vídeo, en un núcleo pequeño, se piden cifras que muchos consideran salvajes. La España vaciada no es barata por definición: es barata donde no hay nada. Donde hay algo, el mercado ya lo ha puesto en precio.
A eso se suma el factor humano. Los oriundos no siempre reciben al forastero con los brazos abiertos, y en el tercio norte la integración puede ser un proceso largo. La comunidad pesa tanto como la fibra óptica.
El retorno al campo como relato de moda
El vídeo se lee también como síntoma de una época. La gran renuncia, el agotamiento del modelo urbano y una generación que no se siente preparada para lo que le ha tocado vivir. El campo funciona como pantalla donde proyectar la huida, aunque la huida real exija ingresos remotos y una casa ya pagada.
La crítica más dura apunta a la propaganda: un discurso antisistema emitido desde plataformas y sistemas operativos corporativos. La coherencia del mensaje queda en entredicho cuando el mensajero depende de la infraestructura que dice rechazar.
¿Qué pasa cuando se va la luz?
La dependencia eléctrica es el punto débil del relato. Sin suministro, el negocio digital se apaga y con él la supuesta autonomía. La sostenibilidad de los servicios en el medio rural —hospitales comarcales incluidos— depende de transferencias que el propio discurso cuestiona. La contradicción no es menor.
Quienes viven así de verdad lo confirman: tomar el sol con los huevos colgando es la auténtica salud. Pero también avisan de que el paraíso se sostiene mientras pocos lo habiten. Si la masa llega, el paraíso se acaba.
Con estos mimbres, cabe esperar que el género del retorno rural siga produciendo vídeos virales. Y que la mayoría de sus autores siga grabándolos desde una casa con buena conexión.