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Será en Octubre
A continuación, el Evangelio de…
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Jesús llama a Mateo, un publicano, a dejar su trabajo y seguirlo, demostrando que su misión es sanar a los enfermos y pecadores, no a los justos.
En la vida, a veces, las oportunidades llegan de las formas más insospechadas. Jesús, en su camino, se topó con un hombre llamado Mateo, sentado en su puesto de trabajo, el mostrador de los impuestos. Para la época, ser un recaudador de impuestos no era precisamente una profesión que gozara de buena reputación. Se les veía como colaboradores de la ocupación romana, gente que se enriquecía a costa del pueblo. Sin embargo, Jesús, al verlo, le lanzó una invitación directa y contundente: "Sígueme". Y la respuesta de Mateo fue inmediata: se levantó y lo siguió. Este gesto, aparentemente simple, marca el inicio de un cambio radical en su vida, dejando atrás una posición que, si bien podía ser cómoda económicamente, estaba socialmente marginada. La historia nos cuenta que Mateo, cuyo nombre significa "regalo de Dios", demostró con su acción que estaba dispuesto a aceptar ese regalo y a transformarlo en algo más grande.
La decisión de Mateo no fue solo un cambio de empleo, sino una profunda transformación personal. Dejar atrás un oficio que le proporcionaba sustento y, probablemente, cierta seguridad, para unirse a un grupo de seguidores de un predicador itinerante, implicaba un salto de fe considerable. No sabemos los detalles de su vida anterior, pero sí que su oficio lo colocaba en una posición de desconfianza para muchos de sus contemporáneos. La invitación de Jesús, sin embargo, resonó en él de tal manera que no dudó en dar el paso. Este encuentro nos recuerda que las vocaciones a menudo surgen en los lugares menos esperados y que la disposición a escuchar y responder es clave.
Tras aceptar la llamada, Mateo organizó un gran banquete en su casa. Este gesto, lejos de ser una simple celebración, se convirtió en un acto simbólico de su nueva vida. Invitó a muchos publicanos y a otros considerados pecadores, y se sentaron a la mesa con Jesús y sus discípulos. La escena debió ser chocante para algunos. La presencia de gente considerada "de mala reputación" compartiendo comida con el Maestro y sus seguidores generó preguntas, especialmente entre los fariseos, quienes observaban la situación con recelo.
La pregunta que surgió fue directa: "¿Cómo es que vuestro maestro come con publicanos y pecadores?". Esta interrogante revela la mentalidad de la época, donde las divisiones sociales y religiosas eran muy marcadas. Los fariseos, guardianes de la ley y la pureza ritual, veían esta cercanía como una transgresión. Sin embargo, Jesús, al escuchar la pregunta, no se amedrentó. Su respuesta fue una lección magistral sobre la naturaleza de su misión y la esencia de la misericordia.
La respuesta de Jesús a los fariseos es uno de los pilares de su mensaje. Citando al profeta Oseas, les dijo: "Andad, aprended lo que significa 'Misericordia quiero y no sacrificio'". Esta frase resume la prioridad de Jesús: la compasión y el perdón por encima de las rígidas normas y rituales que a menudo se habían convertido en un fin en sí mismos. Jesús no venía a condenar, sino a ofrecer una nueva oportunidad, especialmente a aquellos que se sentían perdidos o marginados.
Continuó explicando que "no he venido a llamar a justos, sino a los pecadores". Esta afirmación subraya su propósito: sanar a los enfermos espirituales, a aquellos que reconocen su necesidad de ayuda. Los "sanos", en su visión, eran aquellos que se creían perfectos y no necesitaban de su intervención. La presencia de Mateo y otros "pecadores" en su mesa era precisamente la manifestación de su labor sanadora. Jesús no buscaba la perfección externa, sino la transformación interna a través del amor y la aceptación.
A continuación, el Evangelio de…