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El Señor paga igual a todos
El Reino de los Cielos se asemeja a un propietario que contrata jornaleros para su viña, pagando a todos lo mismo independientemente de la hora en que empezaron a trabajar.
La parábola de los jornaleros de la viña, contada por Jesús, pone de manifiesto un funcionamiento del Reino de los Cielos radicalmente distinto al del mundo terrenal. El propietario de la viña sale a contratar trabajadores en distintas horas del día: al amanecer, a media mañana, al mediodía, a media tarde y al caer la tarde. A todos les promete pagarles "lo debido". La sorpresa llega al final de la jornada, cuando el capataz, siguiendo las órdenes del amo, paga a los jornaleros. Para asombro de los que trabajaron desde el principio, los últimos en ser contratados, aquellos que solo trabajaron una hora, reciben el mismo pago que ellos: un denario. Esta aparente injusticia provoca las protestas de los jornaleros más antiguos, quienes argumentan haber soportado el peso de todo el día y el bochorno del sol. El amo, sin embargo, defiende su decisión alegando que no les ha hecho ninguna injusticia, ya que el acuerdo inicial fue por un denario. Les recuerda que tiene libertad para hacer lo que quiera con sus bienes y les pregunta si van a envidiar su bondad. La moraleja es clara: "los últimos serán primeros y los primeros, últimos". Esta enseñanza desafía las nociones convencionales de justicia y mérito, sugiriendo que en el Reino de Dios, la recompensa no se basa en el tiempo trabajado o el esfuerzo aparente, sino en la generosidad divina.
El profeta Isaías, en la primera lectura, ya apuntaba a esta diferencia entre los planes divinos y los humanos: "Porque mis planes no son vuestros planes, vuestros caminos no son mis caminos —oráculo del Señor—. Cuanto dista el cielo de la tierra, así distan mis caminos de los vuestros, y mis planes de vuestros planes". Esta disparidad se manifiesta en la parábola, donde la lógica del propietario de la viña no se ajusta a la expectativa humana de una recompensa proporcional al esfuerzo. El salmo, por su parte, reafirma la cercanía de Dios a quienes lo invocan sinceramente.
El apóstol Pablo, en su carta a los Filipenses, habla de su deseo de estar con Cristo, considerando la muerte como una ganancia, pero también reconoce la necesidad de permanecer en esta vida para el bien de la comunidad. Su perspectiva, aunque centrada en la vida en Cristo y la victoria sobre la muerte, resuena con la idea de que las prioridades y las valoraciones pueden diferir de las del mundo.
La parábola de los jornaleros de la viña es una ilustración poderosa de cómo funciona el Reino de los Cielos, un ámbito donde la justicia no se rige por la estricta proporcionalidad del mundo. El propietario de la viña, al pagar un denario a quienes trabajaron solo una hora, no está siendo injusto en términos de un acuerdo, sino que está ejerciendo una generosidad que va más allá de lo pactado. Este acto es el "escándalo" al que se refieren algunos comentarios bíblicos, ya que subvierte las expectativas de recompensa basadas en el mérito y el tiempo de servicio. En lugar de una justicia meramente retributiva, se presenta una justicia que incluye la gratuidad y la misericordia.
Los jornaleros contratados al amanecer, que trabajaron las doce horas completas, esperaban recibir más que un denario, asumiendo que su esfuerzo prolongado merecía una recompensa mayor. Su protesta revela una mentalidad de "dar por lo que se recibe", una lógica económica que impera en el mundo pero que no se aplica en el Reino de Dios. El amo, al replicarles, les recuerda el acuerdo inicial y, al mismo tiempo, les confronta con su propia envidia ante su bondad. Esta confrontación invita a reflexionar sobre la actitud ante la generosidad divina, que no se limita a recompensar el esfuerzo, sino que también abraza a quienes llegan tarde, ofreciéndoles la misma salvación.
La diferencia entre el "mundo" y el "Reino" se hace patente en esta parábola. Mientras que en el mundo se valora la productividad, el tiempo invertido y el mérito individual, en el Reino de Dios, la salvación es un don que se ofrece a todos, independientemente de su historial o de cuánto tiempo hayan dedicado a servir. La clave está en la iniciativa del propietario, que sale a buscar trabajadores a distintas horas, demostrando su necesidad de mano de obra y, a la vez, su deseo de incluir a tantos como sea posible.
Para comprender plenamente la parábola, es fundamental entender que el propietario no está actuando como un empleador moderno que busca maximizar beneficios o minimizar costes. Su acción responde a una lógica diferente, una lógica de generosidad y de salvación. El hecho de que los últimos jornaleros solo trabajaran una hora no les resta mérito en el contexto del Reino de Dios, donde la acogida y la oportunidad son primordiales. El amo les paga "lo debido" en el sentido de que les proporciona lo necesario para vivir, un sustento que les permite salir de la plaza sin trabajo.
La comparación con la justicia terrenal es inevitable, pero la parábola nos invita a trascenderla. La justicia del Reino no es una simple suma de méritos y recompensas, sino una dinámica de amor y misericordia que se manifiesta en la gratuidad del don. Jesús utiliza esta parábola para enseñar que la salvación no se gana, sino que se recibe. La sorpresa y la indignación de los jornaleros que trabajaron más tiempo reflejan la dificultad humana para aceptar esta gratuidad, para comprender que Dios no opera bajo las mismas reglas que el mundo.
La enseñanza de que "los últimos serán primeros y los primeros, últimos" no implica una devaluación del esfuerzo o del compromiso, sino una reorientación de las prioridades. Quienes se consideran "primeros" por su larga trayectoria o por su dedicación pueden caer en la soberbia o en la complacencia. En cambio, quienes se sienten "últimos" o menos merecedores pueden encontrar en esta parábola un motivo de esperanza y de confianza. La clave está en la actitud del corazón: la humildad para aceptar el don y la gratitud por la generosidad recibida.
La parábola, en última instancia, nos llama a una conversión de mentalidad, a abandonar la lógica del mundo y a abrazar la lógica del Reino de Dios, donde la bondad divina se manifiesta de maneras que a menudo nos resultan incomprensibles. Es una invitación a confiar en la misericordia de Dios, que siempre está dispuesto a ofrecer su gracia y su salvación, incluso a aquellos que llegan al final del camino.
- Un denario era la paga estándar por una jornada completa de trabajo en la época romana.
- La parábola se cuenta para ilustrar el dicho de Jesús: "muchos primeros serán últimos y muchos últimos, primeros".
- Los jornaleros de la última hora solo trabajaron aproximadamente una hora antes de que terminara la jornada laboral.
- El propietario defiende su decisión alegando que tiene libertad para ser generoso con su propiedad.
- El mensaje central es la gratuidad y la misericordia en el Reino de los Cielos.
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A continuación, el Evangelio de…