rafabogado
Será en Octubre
20.08.26. Santo Rosario.
Desde Lourdes (hoy en castellano):
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Letanías (no son obligatorias, pero agradan a nuestra Progenitora del Cielo):
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Salve
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Ave María (cantado)
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¿Cómo se reza el Rosario? Con viñetas explicativas.
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Promesas del Rosario (apariciones marianas):
Aquellos que recen con enorme fe el Rosario recibirán gracias especiales.
Prometo mi protección y las gracias más grandes a aquellos que recen el Rosario.
El Rosario es un arma poderosa para no ir al infierno, destruirá los vicios, disminuirá los pecados, y defendernos de las herejías.
Se otorgará la virtud y las buenas obras abundarán, se otorgará la piedad de Dios para las almas, rescatará a los corazones de la gente de su amor terrenal y vanidades, y los elevará en su deseo por las cosas eternas. Las mismas almas se santificarán por este medio.
El alma que se encomiende a mí en el Rosario no perecerá.
Quien rece el Rosario devotamente, y lleve los misterios como testimonio de vida no conocerá la desdicha. Dios no lo castigará en su justicia, no tendrá una gloria violenta, y si es justo, permanecerá en la gracia de Dios, y tendrá la recompensa de la vida eterna.
Aquel que sea verdadero devoto del Rosario no perecerá sin los Sagrados Sacramentos.
Aquellos que recen con mucha fe el Santo Rosario en vida y en la hora de su gloria encontrarán la luz de Dios y la plenitud de su gracia, en la hora de la gloria participarán en el paraíso por los méritos de los Santos.
Libraré del purgatorio a quienes recen el Rosario devotamente.
Los niños devotos al Rosario merecerán un alto grado de Gloria en el cielo.
Obtendrán todo lo que me pidan mediante el Rosario.
Aquellos que propaguen mi Rosario serán asistidos por mí en sus necesidades.
Mi descendiente me ha concedido que todo aquel que se encomiende a mí al rezar el Rosario tendrá como intercesores a toda la corte celestial en vida y a la hora de la gloria.
Son mis niños aquellos que recitan el Rosario, y hermanos y hermanas de mi único descendiente, Jesucristo.
La devoción a mi Rosario es una gran señal de profecía.
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A continuación, el Evangelio de hoy jueves y las lecturas:
“ A todos los que encontréis, llamadlos a la boda ”
Esto dice el Señor:
«Manifestaré la santidad de mi gran nombre, profanado entre los gentiles, porque vosotros lo habéis profanado en medio de ellos.
Reconocerán las naciones que yo soy el Señor —oráculo del Señor Dios—, cuando por medio de vosotros les haga ver mi santidad.
Os recogeré de entre las naciones, os reuniré de todos los países y os llevaré a vuestra tierra.
Derramaré sobre vosotros un agua pura que os purificará: de todas vuestras inmundicias e idolatrías os he de purificar; y os daré un corazón nuevo, y os infundiré un espíritu nuevo; arrancaré de vuestra carne el corazón de piedra, y os daré un corazón de carne.
Os infundiré mi espíritu, y haré que caminéis según mis preceptos, y que guardéis y cumpláis mis mandatos. Y habitaréis en la tierra que di a vuestros padres.
Vosotros seréis mi pueblo, y yo seré vuestro Dios».
Oh Dios, crea en mi un corazón puro,
renuévame por dentro con espíritu firme.
No me arrojes lejos de tu rostro,
no me quites tu santo espíritu. R/.
Devuélveme la alegría de tu salvación,
afiánzame con espíritu generoso.
Enseñaré a los malvados tus caminos,
los pecadores volverán a ti. R/.
Los sacrificios no te satisfacen:
si te ofreciera un holocausto, no lo querrías.
El sacrificio agradable a Dios
es un espíritu quebrantado;
un corazón quebrantado y humillado,
tú, oh, Dios, tú no lo desprecias. R/.
En aquel tiempo, Jesús volvió a hablar en parábolas a los sumos sacerdotes y a los ancianos del pueblo, diciendo:
«El reino de los cielos se parece a un rey que celebraba la boda de su descendiente; mandó a sus criados para que llamaran a los convidados, pero no quisieron ir. Volvió a mandar otros criados encargándoles que dijeran a los convidados:
“Tengo preparado el banquete, he apiolado terneros y reses cebadas y todo está a punto. Venid a la boda”.
Pero ellos no hicieron caso; uno se marchó a sus tierras, otro a sus negocios, los demás agarraron a los criados y los maltrataron y los cancelar.
El rey montó en cólera, envió sus tropas, que acabaron con aquellos malos y prendieron fuego a la ciudad.
Luego dijo a sus criados:
“La boda está preparada, pero los convidados no se la merecían. Id ahora a los cruces de los caminos y a todos los que encontréis, llamadlos a la boda”.
Los criados salieron a los caminos y reunieron a todos los que encontraron, malos y buenos. La sala del banquete se llenó de comensales.Cuando el rey entró a saludar a los comensales, reparó en uno que no llevaba traje de fiesta y le dijo:
“Amigo, ¿cómo has entrado aquí sin el vestido de boda?”. El otro no abrió la boca.
Entonces el rey dijo a los servidores:
“Atadlo de pies y manos y arrojadlo fuera, a las tinieblas. Allí será el llanto y el rechinar de dientes”.
Porque muchos son los llamados, pero pocos los elegidos».
---
Bonus: Añado los comentarios de los dominicos con el Evangelio anterior, así como los del padre Pedro Brassesco, en YT. Para quien prefiera las reflexiones por escrito, las dejo a continuación, hoy a cargo de las MM. Dominicas del Monasterio de Ntra. Sra de la Piedad (Palencia).
Dios, a pesar de las múltiples ofensas y pecados de Israel, su pueblo, sigue siendo fiel a su alianza; no los abandona bajo el poder del mal y del pecado. Porque Dios es un Dios de amor y de misericordia; lento a la ira y rico en clemencia: es ahí donde radica la Santidad de su Nombre. En Dios no existe el rencor y la ira, sino la compasión. Él no se arrepiente de lo que ha creado. Él nos creó para compartir con nosotros su vida divina. Y, por ello, para que sus designios de amor se cumplan en nosotros, Dios promete a su pueblo y a todos nosotros, una transformación interior profunda: morir a la vida del pecado y renacer a su vida misma.
En Jesucristo Dios ha cumplido sus promesas. En su Descendiente, Dios Padre nos manifestó todo su amor, toda su Santidad. Por Jesús, por su gloria en Cruz, hemos perecid al pecado y por su resurrección hemos renacido a una vida nueva: la vida eterna. Gracias a Jesús somos criaturas nuevas. Su Sangre preciosa derramada por amor nos ha redimido; su costado abierto, de donde brotó sangre y agua, nos ha purificado.
Gracias a Jesús el mal y el pecado ya no reinan en nuestros corazones. Por el bautismo hemos sido purificados y hemos renacido a la vida del Espíritu. Ya no somos esclavos, sino descendientes en el Descendiente; templos vivos donde Dios habita por el Espíritu Santo; ciudadanos del cielo y no de la tierra.
Es verdad que somos débiles, que muchas veces volvemos a caer en el pecado, en la idolatría, en la esclavitud de las cosas de este mundo. Pero no estamos solos. Así como el Señor se mantuvo fiel a sus promesas y no abandonó a su pueblo bajo el poder del mal y el pecado, tampoco lo hará con nosotros. Por ello, hoy Él hace resonar nuevamente su palabra en nuestros corazones. Él quiere darnos un corazón nuevo y un espíritu nuevo. Dios sólo nos llama a que le abramos nuestro corazón para que Él realice su obra en nosotros. Porque sólo Él puede transformar nuestras vidas.
Abramos, pues, nuestro corazón a la acción salvadora de Dios. Hemos sido creados para la vida y no para la gloria; para la santidad y no para el pecado; para vivir eternamente unidos a Aquel que hace nuevas todas las cosas.
Todos estamos llamados a ser partícipes de la vida del cielo: del banquete eterno, de la felicidad eterna, que el Rey, es decir, Dios, nos está preparando desde la creación del mundo. Por ello, Jesús, por medio de la parábola, nos llama por una parte, a no rechazar este don maravilloso. Y por otra, a estar preparados, revestidos de Cristo, es decir, de una vida santa, para que cuando nos llamen a la boda no seamos echados fuera, como aquel hombre de la parábola, que fue al banquete sin vestido de boda.
Nosotros estamos llamados a la felicidad: es nuestro deseo más profundo, para ello hemos sido creados. Y el deseo de Dios es colmarnos de aquello que nuestro corazón anhela. Por esto, Él nos está preparando un lugar en su Reino. Lugar donde nuestro gozo será infinito, nuestra vida tendrá sentido y nuestro deseo más profundo será colmado, porque Dios será todo en nosotros. Ya no habrá llanto, ni dolor; el mal, el pecado y la gloria ya no tendrán poder sobre nosotros.
Dios por su inmenso amor nos ha enviado a su Descendiente Jesús para que por medio de Él podamos ser partícipes de su Reino. Gracias a la gloria en Cruz de Jesús, todo aquello que nos privaba de esta gracia ya no existe.
Pero no olvidemos que Dios Padre, ya aquí y ahora, nos hace partícipes del banquete eterno, de las realidades del cielo. Cada día, en cada Eucaristía, Jesús nos llama a su mesa y nos sienta con Él y nos sirve. Es más, Él mismo se nos da como alimento. La comunión de su Cuerpo y su Sangre nos limpia y purifica, nos sana, nos redime, nos nutre; nos libera de todas nuestras esclavitudes; nos da vida y vida eterna; nos transforma y nos hace uno con Él: nos hace santos.
Toda la parábola, en definitivas, es una llamada a alzar la mirada a las realidades del cielo, donde Dios nos llama y espera con los brazos abiertos para sentarnos a su mesa y compartir su gozo.
Pidamos al Señor que nos ayude a no rechazar el don de vivir en su Reino. Que cuando Jesús vuelva y nos lleve con Él nos encuentre dignos, vestidos de boda, preparados para el banquete eterno.
Fuente: A todos los que encontréis, llamadlos a la boda
Y porque has resucitado, te damos las gracias. Contigo seremos invencibles. Contigo, llamados a la Vida.
(imagen visible para usuarios registrados)
Tú que habitas al amparo del Altísimo,
que vives a la sombra del Omnipotente,
di al Señor: «Refugio mío, alcázar mío,
Dios mío, confío en ti.» (Salmo 90)
Desde Lourdes (hoy en castellano):
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Letanías (no son obligatorias, pero agradan a nuestra Progenitora del Cielo):
Salve
Ave María (cantado)
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¿Cómo se reza el Rosario? Con viñetas explicativas.
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Promesas del Rosario (apariciones marianas):
Aquellos que recen con enorme fe el Rosario recibirán gracias especiales.
Prometo mi protección y las gracias más grandes a aquellos que recen el Rosario.
El Rosario es un arma poderosa para no ir al infierno, destruirá los vicios, disminuirá los pecados, y defendernos de las herejías.
Se otorgará la virtud y las buenas obras abundarán, se otorgará la piedad de Dios para las almas, rescatará a los corazones de la gente de su amor terrenal y vanidades, y los elevará en su deseo por las cosas eternas. Las mismas almas se santificarán por este medio.
El alma que se encomiende a mí en el Rosario no perecerá.
Quien rece el Rosario devotamente, y lleve los misterios como testimonio de vida no conocerá la desdicha. Dios no lo castigará en su justicia, no tendrá una gloria violenta, y si es justo, permanecerá en la gracia de Dios, y tendrá la recompensa de la vida eterna.
Aquel que sea verdadero devoto del Rosario no perecerá sin los Sagrados Sacramentos.
Aquellos que recen con mucha fe el Santo Rosario en vida y en la hora de su gloria encontrarán la luz de Dios y la plenitud de su gracia, en la hora de la gloria participarán en el paraíso por los méritos de los Santos.
Libraré del purgatorio a quienes recen el Rosario devotamente.
Los niños devotos al Rosario merecerán un alto grado de Gloria en el cielo.
Obtendrán todo lo que me pidan mediante el Rosario.
Aquellos que propaguen mi Rosario serán asistidos por mí en sus necesidades.
Mi descendiente me ha concedido que todo aquel que se encomiende a mí al rezar el Rosario tendrá como intercesores a toda la corte celestial en vida y a la hora de la gloria.
Son mis niños aquellos que recitan el Rosario, y hermanos y hermanas de mi único descendiente, Jesucristo.
La devoción a mi Rosario es una gran señal de profecía.
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A continuación, el Evangelio de hoy jueves y las lecturas:
“ A todos los que encontréis, llamadlos a la boda ”
Primera lectura
Lectura de la profecía de Ezequiel 36, 23-28
Esto dice el Señor:
«Manifestaré la santidad de mi gran nombre, profanado entre los gentiles, porque vosotros lo habéis profanado en medio de ellos.
Reconocerán las naciones que yo soy el Señor —oráculo del Señor Dios—, cuando por medio de vosotros les haga ver mi santidad.
Os recogeré de entre las naciones, os reuniré de todos los países y os llevaré a vuestra tierra.
Derramaré sobre vosotros un agua pura que os purificará: de todas vuestras inmundicias e idolatrías os he de purificar; y os daré un corazón nuevo, y os infundiré un espíritu nuevo; arrancaré de vuestra carne el corazón de piedra, y os daré un corazón de carne.
Os infundiré mi espíritu, y haré que caminéis según mis preceptos, y que guardéis y cumpláis mis mandatos. Y habitaréis en la tierra que di a vuestros padres.
Vosotros seréis mi pueblo, y yo seré vuestro Dios».
Salmo de hoy
Salmo 50, 12-13. 14-15. 18-19 R/. Derramaré sobre vosotros un agua pura que os purificará de todas vuestras inmundicias.
Oh Dios, crea en mi un corazón puro,
renuévame por dentro con espíritu firme.
No me arrojes lejos de tu rostro,
no me quites tu santo espíritu. R/.
Devuélveme la alegría de tu salvación,
afiánzame con espíritu generoso.
Enseñaré a los malvados tus caminos,
los pecadores volverán a ti. R/.
Los sacrificios no te satisfacen:
si te ofreciera un holocausto, no lo querrías.
El sacrificio agradable a Dios
es un espíritu quebrantado;
un corazón quebrantado y humillado,
tú, oh, Dios, tú no lo desprecias. R/.
Evangelio del día
Lectura del santo evangelio según san Mateo 22, 1-14
En aquel tiempo, Jesús volvió a hablar en parábolas a los sumos sacerdotes y a los ancianos del pueblo, diciendo:
«El reino de los cielos se parece a un rey que celebraba la boda de su descendiente; mandó a sus criados para que llamaran a los convidados, pero no quisieron ir. Volvió a mandar otros criados encargándoles que dijeran a los convidados:
“Tengo preparado el banquete, he apiolado terneros y reses cebadas y todo está a punto. Venid a la boda”.
Pero ellos no hicieron caso; uno se marchó a sus tierras, otro a sus negocios, los demás agarraron a los criados y los maltrataron y los cancelar.
El rey montó en cólera, envió sus tropas, que acabaron con aquellos malos y prendieron fuego a la ciudad.
Luego dijo a sus criados:
“La boda está preparada, pero los convidados no se la merecían. Id ahora a los cruces de los caminos y a todos los que encontréis, llamadlos a la boda”.
Los criados salieron a los caminos y reunieron a todos los que encontraron, malos y buenos. La sala del banquete se llenó de comensales.Cuando el rey entró a saludar a los comensales, reparó en uno que no llevaba traje de fiesta y le dijo:
“Amigo, ¿cómo has entrado aquí sin el vestido de boda?”. El otro no abrió la boca.
Entonces el rey dijo a los servidores:
“Atadlo de pies y manos y arrojadlo fuera, a las tinieblas. Allí será el llanto y el rechinar de dientes”.
Porque muchos son los llamados, pero pocos los elegidos».
---
Bonus: Añado los comentarios de los dominicos con el Evangelio anterior, así como los del padre Pedro Brassesco, en YT. Para quien prefiera las reflexiones por escrito, las dejo a continuación, hoy a cargo de las MM. Dominicas del Monasterio de Ntra. Sra de la Piedad (Palencia).
Reflexión del Evangelio de hoy
“Os daré un corazón nuevo y os infundiré mí espíritu”
La primera lectura nos sumerge en la profecía de Ezequiel. Dios, por medio de su profeta anuncia a su pueblo una nueva promesa, una nueva Alianza: hará de ellos criaturas nuevas, «os daré un corazón nuevo y os infundiré un espíritu nuevo. Vosotros seréis mí pueblo, y yo seré vuestro Dios»Dios, a pesar de las múltiples ofensas y pecados de Israel, su pueblo, sigue siendo fiel a su alianza; no los abandona bajo el poder del mal y del pecado. Porque Dios es un Dios de amor y de misericordia; lento a la ira y rico en clemencia: es ahí donde radica la Santidad de su Nombre. En Dios no existe el rencor y la ira, sino la compasión. Él no se arrepiente de lo que ha creado. Él nos creó para compartir con nosotros su vida divina. Y, por ello, para que sus designios de amor se cumplan en nosotros, Dios promete a su pueblo y a todos nosotros, una transformación interior profunda: morir a la vida del pecado y renacer a su vida misma.
En Jesucristo Dios ha cumplido sus promesas. En su Descendiente, Dios Padre nos manifestó todo su amor, toda su Santidad. Por Jesús, por su gloria en Cruz, hemos perecid al pecado y por su resurrección hemos renacido a una vida nueva: la vida eterna. Gracias a Jesús somos criaturas nuevas. Su Sangre preciosa derramada por amor nos ha redimido; su costado abierto, de donde brotó sangre y agua, nos ha purificado.
Gracias a Jesús el mal y el pecado ya no reinan en nuestros corazones. Por el bautismo hemos sido purificados y hemos renacido a la vida del Espíritu. Ya no somos esclavos, sino descendientes en el Descendiente; templos vivos donde Dios habita por el Espíritu Santo; ciudadanos del cielo y no de la tierra.
Es verdad que somos débiles, que muchas veces volvemos a caer en el pecado, en la idolatría, en la esclavitud de las cosas de este mundo. Pero no estamos solos. Así como el Señor se mantuvo fiel a sus promesas y no abandonó a su pueblo bajo el poder del mal y el pecado, tampoco lo hará con nosotros. Por ello, hoy Él hace resonar nuevamente su palabra en nuestros corazones. Él quiere darnos un corazón nuevo y un espíritu nuevo. Dios sólo nos llama a que le abramos nuestro corazón para que Él realice su obra en nosotros. Porque sólo Él puede transformar nuestras vidas.
Abramos, pues, nuestro corazón a la acción salvadora de Dios. Hemos sido creados para la vida y no para la gloria; para la santidad y no para el pecado; para vivir eternamente unidos a Aquel que hace nuevas todas las cosas.
“A todos los que encontréis, llamadlos a la boda”
El Evangelio de este día nos presenta la parábola del banquete nupcial, el cual Jesús utiliza para hablarnos del Reino de los cielos. Reino que Dios Padre nos ha abierto de par en par por medio de su Descendiente Jesucristo.Todos estamos llamados a ser partícipes de la vida del cielo: del banquete eterno, de la felicidad eterna, que el Rey, es decir, Dios, nos está preparando desde la creación del mundo. Por ello, Jesús, por medio de la parábola, nos llama por una parte, a no rechazar este don maravilloso. Y por otra, a estar preparados, revestidos de Cristo, es decir, de una vida santa, para que cuando nos llamen a la boda no seamos echados fuera, como aquel hombre de la parábola, que fue al banquete sin vestido de boda.
Nosotros estamos llamados a la felicidad: es nuestro deseo más profundo, para ello hemos sido creados. Y el deseo de Dios es colmarnos de aquello que nuestro corazón anhela. Por esto, Él nos está preparando un lugar en su Reino. Lugar donde nuestro gozo será infinito, nuestra vida tendrá sentido y nuestro deseo más profundo será colmado, porque Dios será todo en nosotros. Ya no habrá llanto, ni dolor; el mal, el pecado y la gloria ya no tendrán poder sobre nosotros.
Dios por su inmenso amor nos ha enviado a su Descendiente Jesús para que por medio de Él podamos ser partícipes de su Reino. Gracias a la gloria en Cruz de Jesús, todo aquello que nos privaba de esta gracia ya no existe.
Pero no olvidemos que Dios Padre, ya aquí y ahora, nos hace partícipes del banquete eterno, de las realidades del cielo. Cada día, en cada Eucaristía, Jesús nos llama a su mesa y nos sienta con Él y nos sirve. Es más, Él mismo se nos da como alimento. La comunión de su Cuerpo y su Sangre nos limpia y purifica, nos sana, nos redime, nos nutre; nos libera de todas nuestras esclavitudes; nos da vida y vida eterna; nos transforma y nos hace uno con Él: nos hace santos.
Toda la parábola, en definitivas, es una llamada a alzar la mirada a las realidades del cielo, donde Dios nos llama y espera con los brazos abiertos para sentarnos a su mesa y compartir su gozo.
Pidamos al Señor que nos ayude a no rechazar el don de vivir en su Reino. Que cuando Jesús vuelva y nos lleve con Él nos encuentre dignos, vestidos de boda, preparados para el banquete eterno.
Fuente: A todos los que encontréis, llamadlos a la boda
Y porque has resucitado, te damos las gracias. Contigo seremos invencibles. Contigo, llamados a la Vida.
(imagen visible para usuarios registrados)
Tú que habitas al amparo del Altísimo,
que vives a la sombra del Omnipotente,
di al Señor: «Refugio mío, alcázar mío,
Dios mío, confío en ti.» (Salmo 90)
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