El evangelio de este martes: la fe como antídoto contra el miedo
¿Por qué tenéis miedo, hombres de poca fe? La pregunta que Jesús lanza a sus discípulos en la barca, en medio de la tormenta, resuena hoy con la misma crudeza. No es una pregunta retórica: es un diagnóstico sobre nuestra tendencia a desconfiar. La primera lectura del profeta Amós ya lo advertía: la desgracia no viene sin causa, y el Señor no actúa sin avisar. El león ruge cuando tiene presa; la trampa salta cuando caza. Todo tiene un porqué.
La conexión entre Amós y el evangelio
Amós 3,1-8;4,11-12 describe la cadena de causas y efectos en la acción divina. Dios no castiga sin motivo, pero advierte. En el evangelio (Mateo 8,23-27), los discípulos ven la tormenta y olvidan que llevan a bordo al que domina los elementos. La pregunta de Jesús no es un reproche: es una invitación a cambiar de perspectiva. El miedo, según las lecturas de hoy, nace de la falta de fe, no de la magnitud del peligro.
La homilía y las prácticas devocionales
El padre Santiago Martín, en su homilía, ahondó en la necesidad de una fe adulta que no dependa de signos extraordinarios. La Liturgia de las Horas y la Coronilla de la Divina Misericordia -que se reza idealmente a las 15:00- son instrumentos para cultivar esa confianza cotidiana. El Rosario a las 22:00 y la Misa en directo a las 20:00 cierran la jornada con un recordatorio: la fe no es un paraguas para la tormenta, sino la certeza de que quien va al timón sabe lo que hace.
La paradoja es que, dos mil años después, seguimos preguntándonos si habrá tormenta. La respuesta ya está escrita, pero nos empeñamos en no leerla. Quizá porque, como los discípulos, preferimos el pánico a la confianza.