Sánchez y la maniobra BRICS: ¿giro estratégico o suicidio diplomático?
España importó en abril de 2026 casi 10.000 GWh de gas ruso, la mayor cifra mensual de la historia, superando incluso la crisis de 2023. Este récord coincide con el acercamiento del Gobierno a los BRICS, un movimiento que ha encendido las alarmas en Washington y Bruselas. El presidente del Gobierno parece decidido a reorientar la política exterior hacia el bloque de economías emergentes, pero el camino está lleno de contradicciones.
El gas ruso como moneda de cambio
Los datos son tozudos: mientras España se postula como candidata a los BRICS, las compras de gas a Rusia se duplican. El argumento de que se trata de una necesidad energética choca con la realidad geopolítica. Varios analistas señalan que Sánchez busca un equilibrio entre seguir en la UE y la OTAN y abrirse a nuevos mercados. Pero la historia reciente demuestra que gestos similares, como los de Zapatero en 2004, no tuvieron continuidad. El gas ruso a precio de amigo podría ser la punta de lanza de una relación más amplia, pero la dependencia de Estados Unidos en defensa lo complica todo.
Mientras, una ingeniería china vinculada al Ejército Popular ha logrado adjudicaciones millonarias en España, lo que alimenta las sospechas de un vínculo más estrecho con Pekín. Por otro lado, la Casa Blanca maneja un informe que cuestiona la soberanía española sobre Ceuta y Melilla, en un claro guiño a Marruecos. La presión anglosajona no cesa.
¿Es viable una España en BRICS?
Las posturas están enfrentadas. Quienes defienden la entrada ven una oportunidad para romper el vasallaje histórico con Estados Unidos y la UE, apostando por la neutralidad al estilo suizo. Señalan que el imperio anglosajón está en declive y que España debe alinearse con el nuevo centro de gravedad económico. Pero los escépticos recuerdan que los BRICS no son una alianza filantrópica: China y Rusia defienden sus intereses, y España apenas tiene poder de negociación. La balanza comercial con China es negativa, y entrar en el bloque sin salir de la OTAN es una quimera: se necesitaría romper con el entorno atlántico, algo inviable a corto plazo.
Además, el propio bloque BRICS está en crisis interna, con divergencias entre sus miembros. Algunos apuntan que el movimiento de Sánchez no es más que una huida hacia adelante para ganar tiempo ante la presión interna, mientras otros lo ven como un primer paso hacia una redefinición de la soberanía nacional.
La pregunta que queda en el aire es si esta estrategia de equilibrio es sostenible o si, como en 2004, terminará en un gesto vacío sin consecuencias reales. Lo que está claro es que España juega con fuego en un tablero donde las piezas se mueven rápido.
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