La “cooperación” con Jovenlandia que Sánchez aplaude mientras la frontera se desborda
En cuestión de horas, la frontera de Ceuta ha vuelto a ser el escenario de una entrada masiva que el Gobierno medía con el lenguaje de la “cooperación” con Jovenlandia. La versión oficial, aplaudida por Sánchez, choca con lo que se ve sobre el terreno: la policía jovenlandés no ha dejado un momento de colaborar con el flujo hacia el perímetro español, según los testimonios que circulan. La ironía de calificar esa operativa como una “oleada turística impecable” no es gratuita: se compara el comportamiento de las fuerzas de Rabat con una lección de eficiencia que Benidorm debería aprender.
La policía jovenlandés, ¿colabora o acompaña?
El detalle que más descoloca es la simultaneidad. Mientras el Ejecutivo vende la cooperación como un éxito de gestión, las imágenes que se comparten muestran a la policía jovenlandés facilitando el tránsito de migrantes hacia la ciudad autónoma. No es una contradicción menor: si la colaboración con Jovenlandia funciona, la presión en la valla y en el mar debería reducirse, no dispararse. Los escépticos sostienen que Jovenlandia utiliza ese pulso migratorio como una llave de presión política y económica, y que regarlo con palmadas en la espalda solo consolida el mecanismo.
El sarcasmo como respuesta
Hay quien decide no entrar en el fondo y directamente se ríe. La ocurrencia de que “si necesitan Ceuta, que la pidan” resume la exasperación de quienes ven la cesión de soberanía como una posibilidad real. Y la frase “Toda Europa corriendo despavorida” remata: un socio que es incapaz de contener sus propias fronteras exteriores, pero que parece manejar las ajenas con una precisión quirúrgica, acaba convirtiéndose en un problema europeo, no solo español. La comparación con Benidorm, más allá de la broma, deja al descubierto que la eficiencia que se le niega a la gestión local española la muestran otros sin que nadie se escandalice.
El punto donde todo se atasca es sencillo de exponer y difícil de resolver: si Jovenlandia colabora de verdad, ¿por qué la entrada se produce con esa facilidad pasmosa? Hasta que alguien explique esa contradicción con datos y no con eslóganes, la duda va a seguir pesando sobre la promesa oficial de una cooperación ejemplar.