San Blas: 130 apuñalados y 2 muertos en un año, ¿estamos peor que en los 80?
El distrito madrileño de San Blas-Canillejas acumula 130 apuñalamientos y 2 fallecidos en lo que va de año, según datos de la Delegación del Gobierno. Los vecinos denuncian que el narcotráfico y la violencia callejera han convertido el barrio en un narcobarrio sin ley, y comparan la situación con la crisis de la heroína de los años 80, aunque algunos aseguran que es peor. La respuesta oficial: aumentar la plantilla policial entre un 8% y un 10%, una medida que muchos consideran insuficiente.
El problema va más allá de la seguridad
El delegado del Gobierno insiste en que la cuestión no es solo policial: "Aunque tuviéramos un policía en cada árbol, no conseguiríamos resolver el problema de las personas vulnerables". La droga dominante ya no es la heroína, sino el crack (cocaína fumada), que genera una adicción más agresiva y visibilidad callejera. Puntos como el parque Paraíso y la boca del metro de Simancas se han convertido en escenarios de consumo y trapicheo a plena luz del día.
De la heroína al crack: la nueva epidemia
Quienes conocen el terreno señalan que el perfil del consumidor ha cambiado. El yonki clásico de los 80, demacrado y con amputaciones, ha sido desplazado por jóvenes que fuman base. La pureza de la heroína actual es irrisoria, y los adictos la usan solo para "alargar" el efecto del crack. Esta mutación ha vuelto el problema más visible y violento, con apuñalamientos que a menudo saldan disputas entre camellos o entre estos y clientes.
¿Volver a los 80 o empeorar?
Las opiniones chocan sobre si la situación es comparable o ha empeorado. Algunos análisis sostienen que en los 80 la droga estaba más extendida y había zonas del centro de Madrid intransitables de noche. Otros rebaten que entonces no había la concentración actual de narcopisos ni la mezcla de exclusión social, inmigración irregular y abandono institucional. Los vecinos de toda la vida evitan salir de noche y señalan a los "clientes" que llegan de otros barrios.
La pregunta que queda en el aire: ¿es suficiente más policía o se necesita una intervención social de fondo? Mientras tanto, los vecinos siguen sin poder pasear de noche en su propio barrio.
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