Un foro debate la promesa de que la IA sustituirá a todos los trabajadores en 2028
En un debate de foro se ha comentado la promesa, atribuida al sector, de que en 2028 la inteligencia artificial sustituirá a todos los trabajadores. La afirmación ha generado escepticismo entre los participantes. No por su novedad —el sector lleva años vendiendo el mismo relato— sino por la concreción del plazo. Un horizonte que, según los críticos, no resiste el primer contacto con la realidad productiva.
El negocio de prometer el futuro
La primera reacción es de escepticismo. Quien promete la tecnología que dice que nos va a sustituir no es un observador neutral. Su empresa, OpenAI, pierde miles de millones cada trimestre, y su modelo depende de que los inversores crean que el producto es el nuevo mesías. Como resume un análisis recurrente, es como si el dueño de una fábrica de paraguas anunciara que va a llover todos los días.
El argumento se refuerza con la cuenta de resultados. La compañía pierde 12.000 millones por trimestre, según el dato que se repite en la conversación. Con esas cifras, la fecha de 2028 no es una predicción técnica: es una necesidad financiera. Necesita el relato para mantener viva la ronda de inversión.
¿Qué trabajos puede sustituir la IA en 2028?
La respuesta corta es: los que ya se pueden automatizar con Excel y un ERP del pleistoceno. La IA actual —modelos de lenguaje, generadores de imágenes— es una herramienta de asistencia costosa y con errores. No es un reemplazo autónomo. Integrarla en una pyme media exige consultoría, infraestructura y formación que multiplican el coste del salario que pretende ahorrar.
Hay un consenso amplio en que los trabajos físicos quedan fuera. Un fontanero, un tejador o un leñador no van a ser sustituidos por un modelo de lenguaje. La anécdota es recurrente: quien necesita un tejado de 50.000 euros no encuentra a nadie que le conteste al teléfono. La IA no va a subir a poner tejas.
El problema que nadie quiere mirar
Si la IA sustituye a los empleados, ¿quién paga las suscripciones mensuales? El razonamiento es circular: las grandes empresas no podrán pagar agentes de IA si no hay nadie a quien vender productos o servicios. La automatización total destruye el mercado que la sostiene.
La fecha de 2028 es el nuevo «coche autónomo en 2020» o «el metaverso es el futuro». Se anuncia una revolución para mañana, se inyectan miles de millones, la realidad choca con el cuento y los que compraron el sueño se quedan con el cromo. El ciclo se repite con puntualidad.
Funcionarios, políticos y el resto de los mortales
La ironía más repetida tiene como protagonistas a los funcionarios. La IA no va a echar a una administrativa que lleva 38 años pegando sellos. El chiste se cuenta solo. En la administración pública, la tecnología llegará, pero lo hará como asistencia: la misma persona, la misma silla, la misma productividad aparente.
También hay quien pide que la IA sustituya a los políticos. El deseo es más un síntoma de hartazgo que un plan técnico. Y hay quien recuerda que los vendehumos de la IA también deberían ser sustituidos.
La pregunta no es si la IA podrá cortar leña en 2028. La pregunta es quién va a pagar por una IA que corte leña, si el que la necesita se ha quedado sin trabajo. Ese detalle no sale en la entrevista.