Discriminación horaria: sale cuenta si un tercio del gasto es nocturno
Según los precios del BOE de enero que cita un participante, hay un número que decide todo:
0,063770 euros por kilovatio hora. Ese sería el precio del tramo valle en la tarifa con discriminación horaria, frente a los 0,183228 de la punta y los 0,150938 de la tarifa plana sin horarios. Un 47% de descuento contra un 35% de recargo. La conclusión parece cantada —consumir de noche cuesta menos— y aun así la rentabilidad depende de un umbral que ningún hogar alcanza por accidente.
La modalidad se solicita a la compañía, exige un contador apropiado y abre dos periodos al día. En invierno el tramo barato va de 0 a 11 y de 21 a 24 horas; en verano, de 0 a 12 y de 22 a 24. Todo lo demás es punta. Como razona un participante, aplanar la demanda evita parar y arrancar centrales, y quien se presta a repartir su consumo recibe premio.
El umbral del 30% que se cita
El cálculo que circula sostiene que con
solo un 30% del consumo en hora valle la tarifa ya compensa económicamente. Ese margen, si es cierto, deja muchísimo juego: no hace falta reorganizar la casa entera, basta con mover las cargas gordas mientras se duerme o se cena. Otro ejercicio repartido por la conversación apunta que un reparto
42/58 entre punta y valle todavía arroja un
10,57% de ahorro con los precios manejados entonces.
Ahí está el detalle que desarma el argumento del «no me sale a cuentas»: la comparación no se hace entre usar mucho o poco la noche, sino entre la tarifa plana y un reparto concreto. Y hay consumos que jamás se podrán mover. La nevera, el arcón congelador y la vitrocerámica funcionan cuando toca. Esa porción fija es la que nunca se recupera.
Los casos reales: del 6,48% al 40% de ahorro
El registro de una factura concreta de dos meses deja los números sobre la mesa:
3.303 kWh, el 73% en valle y el 27% en punta, con un total de
538 euros frente a los 715 que se habrían pagado sin discriminación. Ahí van
177 euros de diferencia en un solo ciclo.
Otra factura de 45 días, con
107 kWh en punta y 198 en valle, cerró en unos 70 euros donde sin horarios se habrían rozado los 80. Un
14% de ahorro sin forzar apenas nada, solo desplazando lavadoras, lavavajillas y cargas de baterías. En el extremo opuesto, quien ya hace tres cuartas partes de su gasto de noche —un
75% en valle— informa de bajadas superiores al 40%.
También hay medias menos brillantes: un
6,48% de ahorro medio desde el cambio obligatorio, con meses en los que la factura salió incluso más cara que con la tarifa plana. Y no falta quien amplía el campo de juego: quien sustituyó termo eléctrico, acumuladores y otros equipos por alternativas más eficientes cifra su inversión en
5.600 euros, amortizable en cuatro años según su cálculo.
Soria, las penalizaciones y el cambio de hora
La amenaza que sobrevuela toda la conversación es regulatoria. La información que manejan los participantes apunta a
penalizaciones un 40% más elevadas para los clientes con discriminación horaria, aplicables desde
876 kWh de consumo anual frente a los 2.280 que exige el resto. Traducido: los que se portan bien con la red cargarían antes con el recargo del nuevo tramo. Hay quien va más lejos y sostiene que la fórmula podría ser inconstitucional, recordando un fallo de 1997 contra una tarifa andaluza del agua que penalizaba todo el consumo por sobrepasar un umbral.
A esto se añade un enemigo silencioso: el cambio de hora. Quien se educa en el horario de invierno y arranca la lavadora a las once de la noche se encuentra, con el adelanto, calentando agua en punta. Y la lavadora y el lavavajillas
gastan lo gordo al principio del ciclo, así que la sorpresa en la factura es proporcional al descuido.
La potencia, el bono social y los que no lo ven
El cambio obliga además a revisar la potencia contratada. Quien tenía 5,5 kW ha tenido que decidir entre subir a 5,75 pagando boletín nuevo o
bajar a 4,6 kW sin coste; los trifásicos deben ajustar de
10,392 kW a 6,928 con
15 euros de gestión. La instalación del equipo ronda los 10 euros de técnico, más otros 10 por el limitador si se quiere bajar la potencia. El
bono social es compatible: sobre 15 euros de consumo, el descuento llega a 5.
El contraargumento más sólido es el de las casas con todos sus ocupantes dentro a diario. Si hay paro o un bebé en casa, la mañana entera se convierte en punta y el lavavajillas nocturno no compensa el resto. Con dos sueldos y ausencias diurnas, la película cambia por completo.
Con estos diferenciales, la migración a la tarifa de dos tramos debería ser masiva en cualquier hogar con la casa vacía de día. Y sin embargo la decisión depende de un contador, una potencia y un cambio de hábitos que nadie regala. Las cifras avalan el ahorro; los plazos, no tanto.