Los payasos de la tele salieron de Cuba antes de que RTVE llamara
La familia Aragón no se marchó de Cuba por vocación de mártir. Se marchó cuando el régimen dejó de cuadrar las cuentas. Gaby, Fofó y Miliki ya hacían televisión en La Habana cuando en España la tele era todavía un rumor: aquí se emitía radio, y el aparato tardó años más en llegar a los salones. Ese detalle, que reaparece cada vez que alguien saca el tema, desmonta la versión más simple del relato: no huyeron de un país pobre hacia uno rico, sino justo al contrario.
De la televisión cubana al «pagapensiones» americano
Los payasos ejercieron de «pagapensiones» al otro lado del charco, como tantos españoles que se fueron a hacer las Américas, hasta que la fama y una oferta suficiente de RTVE les permitió volver. Antes hubo escala en el Cono Sur, y ahí entra el segundo matiz que rompe el esquema binario: hay quien sostiene que el detonante no fue solo el régimen cubano, sino que la economía empezaba a torcerse en la Pampa. Milikito, el hijo, era cubano de nacimiento. Y ese mismo Milikito acabaría fundando La Sexta décadas después, que es el giro más irónico de toda la función.
Un exilio ajeno que pagó la audiencia española
El resultado se resume en un dato incómodo: el desarraigo de unos artistas nos regaló la infancia más feliz de varias generaciones. Unos profesionales que se marcharon con una mano delante y otra detrás terminaron siendo el mayor activo de audiencia de la televisión pública española. La historia completa, con nombres, fechas y escalas, está contada en un podcast de RNE que cualquiera debería escuchar antes de pontificar sobre el asunto.
Si algún día se hace balance serio del precio que pagó aquella generación, la cuenta saldrá previsiblemente mal para todos los bandos. Aunque, viendo lo que cuesta hoy llenar un plató con algo que no sea ruido, es probable que la nostalgia siga ganando el pulso al análisis.