Rusia recomienda ir al psicólogo a mujeres que no quieren hijos: ¿política natalista o control de género?
El Ministerio de Sanidad de Rusia actualizó en marzo de 2026 sus recomendaciones para las pruebas de detección de salud reproductiva. La novedad: las mujeres que manifiesten no desear tener hijos recibirán la sugerencia de acudir a un psicólogo. La recomendación, según informó El Mundo, no aplica a los hombres. La medida se enmarca en la creciente preocupación por la crisis demográfica rusa, agravada por la guerra en Ucrania y la emigración.
Una recomendación con doble rasero
Mientras a ellas se les "aconseja" revisar su disposición a la maternidad, a ellos se les multa por no tener hijos: desde 2024, Rusia impone un impuesto a los hombres sin hijos, una suerte de tasa por no contribuir a la reproducción. Además, las mujeres se jubilan cinco años antes que los hombres (55 frente a 60), pese a que su esperanza de vida es mayor. Los analistas señalan que esta asimetría refleja una política demográfica que carga el peso de la natalidad sobre las mujeres, mientras los hombres son penalizados económicamente y, en la práctica, enviados al frente.
El contexto demográfico ruso
La tasa de natalidad en Rusia lleva años en caída libre. En 2025, el índice de fertilidad se situó en torno a 1,5 hijos por mujer, muy por debajo del reemplazo generacional (2,1). La guerra en Ucrania ha acelerado la sangría: cientos de miles de hombres en edad reproductiva han muerto o emigrado para evitar el reclutamiento. La respuesta del Kremlin combina incentivos económicos (subsidios por hijo, hipotecas bonificadas) y medidas coercitivas, como el impuesto a los solteros sin hijos o la recomendación psicológica. Los críticos ven en esta última un paso más hacia la medicalización de la disidencia reproductiva.
Reacciones ante la medida
La noticia ha generado un intenso debate. Por un lado, hay quienes consideran que la recomendación es razonable en un contexto de baja natalidad, y que el psicólogo puede ayudar a las mujeres a explorar sus motivos. Por otro, la mayoría de las voces señalan el sesgo de género: ¿por qué solo las mujeres deben justificar su decisión? ¿Por qué no se ofrece la misma opción a los hombres? Además, la medida se percibe como una injerencia en la autonomía reproductiva, en un país donde el aborto ya está severamente restringido.
La pregunta que queda en el aire es si Rusia está dispuesta a pagar el coste político de una política natalista cada vez más intrusiva, o si el empuje demográfico terminará imponiéndose a cualquier consideración de derechos individuales.
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